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Debate: ¿Deben permanecer las Fuerzas de Seguridad del Estado en Euskadi?

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En la noche de ayer, día 10 de febrero, tuve el honor de ser invitado al programa de debate político de la cadena vasca ETB2, La Noche en Jake, conducido por Arantza Ruiz. Para quienes no lo hayan visto, el formato es el siguiente: un grupo de periodistas y comunicadores de diferentes sensibilidades debaten entre sí los temas de actualidad con la incorporación de algún invitado especializado al que luego formulan preguntas, objeciones o réplicas. Aunque solo fuera por hacer honor al título de Especialista en Seguridad que me adjudican, me había preparado previamente hablando con guardias y ertzainas, algunos de ellos con mando en plaza.

Me sentí como en casa, vaya por delante. Me sentí como en casa porque hablaba de lo mío y porque tenía ganas de largar. El asunto de esta parte del programa venía motivado por las declaraciones del Delegado del Gobierno en el País Vasco, Sr. De Andrés, solicitando la ampliación del número de guardias civiles presentes en Euskadi, contestadas a su vez por el Gobierno Vasco de una forma bastante airada.

No es una pregunta, son dos al menos: La primera, ¿es necesario ampliar el número de agentes de ese cuerpo en Euskadi?, la segunda, ¿tienen que estar las Fuerzas de Seguridad del Estado presentes en Euskadi? Intentaré explicar de modo sencillo las tesis que mantuve frente a la audiencia.

Primeramente, la seguridad es un derecho fundamental del ciudadano y corresponde a los gobiernos decidir cómo quieren organizar sus recursos para prestarla y que los ciudadanos podamos vivir en un entorno seguro, lo cual es muy importante. No es, a mi modo de ver, un problema de número, ni siquiera de si deben estar unos u otros, no. Es un problema político y de organización, es una cuestión de capacidad o no de los gestores de lo público porque lo que quiere la gente, independientemente de que le guste más un color u otro del uniforme, es poder caminar tranquilo por las calles de su pueblo. En un entorno sin ETA, las consideraciones ideológicas van cediendo cada vez más a favor de lo anterior.

Son los políticos quienes no se ponen de acuerdo. Los del Estado bloquean las promociones de la Policía Autonómica Vasca, que está en cuadro y lo saben, con una plantilla escasa, envejecida y desmotivada a fuerza de politiqueos y recortes. Por su parte, el Gobierno Vasco, maneja el habitual discurso del Alde Hemendik (Fuera de Aquí), si bien que moderado por la presencia en Madrid de sus diputados y senadores, habitualmente en sintonía con el gobierno que toque. Esta es la situación, ahora pongámosle el cascabel al gato.

Si las Fuerzas de Seguridad estatales se fueran, el Gobierno Vasco debería asumir cosas que ahora no hace, por no ser de su competencia o por miedo. Sí, han leído bien, por miedo. Operaciones contra el robo de cableado de cobre, por poner un ejemplo, se las hemos visto realizar casi en exclusiva en Euskadi a la Guardia Civil. La Ertzaintza es competente en ese tema, ¿dónde están los resultados? ¿cuántas operaciones se han montado, cuántas tramas se han desarticulado? Expedición de permisos de armas, explosivos, combate contra el yihadismo, tráfico internacional de drogas, entrada de polizones, contrabando… hoy día pertenecen al ámbito competencial del Estado. Naturalmente que podría asumirlas la Ertzaintza y con el apoyo estatal cuando trasciendan nuestras fronteras, llevarlas a término. Solo es una cuestión de talla política, nada más. Ponerse de acuerdo.

Claro que entonces, en lugar de los 8.000 agentes autonómicos que se reclaman, debería haber por lo menos 13.000, si no me falla la cuenta. Tendrían que disponerse nuevos cuerpos especiales de intervención por tierra, mar y aire, formación adecuada para todos ellos y ¡oh, dios mío! armamento del que ahora se recela como de la peste. Y realizar controles de carreteras para localizar drogas, vehículos robados, delincuentes buscados internacionalmente…, muchas cosas que ahora no se hacen. Hablamos mucho, pero los controles autonómicos en las carreteras solo son de tráfico.

Es un hecho que la Ertzaintza no solo no ha asumido su integralidad como policía, sino que ha retrocedido desde su creación, desdibujando ese perfil y para ello no hay más que ver situaciones como las de los disturbios de Bilbao hace unos años, en las que los radicales antisistema se dedicaron a destrozar la ciudad ante la ordenada pasividad policial. Estaba reciente el caso Cabacas y prefirieron pagar los millonarios destrozos a la eventualidad de padecer otro accidente similar que pusiera sus sillones a tres patas.

Euskadi duplica y aún triplica el ratio de policías por habitante de Europa. Esas cifras no se justifican en el número de delitos, se lo dije a los contertulios, sino en la incapacidad gestora de unos políticos que con el doble de personal que en otros países no llegan a los resultados que objetivamente serían de esperar. En una empresa privada habrían sido despedidos hace tiempo, los estatales y los autonómicos, pero aquí pagamos todos y lo que importa es colocar a los colegas de partido aunque sean analfabetos en la materia.

La conclusión de todo esto, lo que intenté transmitir en La Noche en Jake, es que los ciudadanos no nos merecemos esto, los policías tampoco. El Estado quiere mantener su presencia policial para reafirmar que esto es España y va a seguir siéndolo. Por su parte, y aquí es donde los nacionalistas se me van a echar encima, al Gobierno Vasco le viene muy bien que la Guardia Civil le haga el trabajo sucio, ese que requiere una imagen menos amable que la de la pareja de ertzainas mayorcitos haciendo korrikas y hablando con los viejecitos del parque, una estampa tan idílica como irreal que se han esforzado en mostrar desde que se marchó el consejero Atutxa, que eso sí que fue un consejero. No estoy seguro de que ese Alde Hemendik no se diga con la boca pequeña porque tiene el beneficio añadido de que si algún día pasa algo la culpa será, como siempre, de Madrid.

En la calle, que se sepa, no hay ningún problema entre guardias, nacionales, ertzainas y municipales y hasta toman café juntos donde se lo sirven porque entre profesionales las cosas se tienen claras. Los problemas son en otro lado y esto es lo preocupante, que cuando pase algo, algo gordo y malo de verdad, cacarearán otra temporada para seguir dejando todo igual. Eternamente igual.

Una mención para Onintza Enbeita, persona de gran preparación intelectual, periodista y política abertzale. Ella comentó a mi intervención que lo que prefería era no tener miedo a andar por la calle antes que ser protegida por policías, que abogaba por la educación para que la gente no delinquiera y que no le gustaban las armas en general. Querida amiga, suscribo todo lo que dices al ciento por cien, pero mientras educamos a los violadores, pederastas, ladrones, terroristas y asesinos de mujeres, hombres y niños para que no lo vuelvan a hacer, propón una solución interina porque la tarea la auguro difícil.

Ver el programa

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SOBRE CÓMO HA DE LLEVAR SU ARMA UN POLICÍA.

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Aviso de antemano que este es un artículo técnico sobre armas y su uso. Por tanto, absténganse aquellos que no gusten o no sean profesionales del tema. Si, por el contrario, usted no tiene relación con el mundo de la seguridad pero desea aprender algo para luego poder juzgar con mejor criterio las actuaciones policiales, le invito amablemente a que se quede e invierta un rato en su lectura.

Tras el atentado en Berlín utilizando por segunda vez un camión contra la multitud que paseaba por un mercadillo navideño, nos desayunábamos ayer con la muerte del terrorista a manos de dos agentes en prácticas de la policía italiana en Milán.

Poco después, alguien me envió la fotografía que ven arriba de dos agentes alemanas realizando una vigilancia, subfusil en ristre, en la que quizá a los ojos de los profanos pasara desapercibida, no para mi, por supuesto, ni supongo que para un terrorista mínimamente entrenado, el hecho de que ambas llevaban las armas desprovistas del cargador, el cual supongo reposaría tranquilo en algún bolsillo de su chaleco antibalas. Algo parecido pasa aquí. La recomendación en muchas academias, cuerpos policiales e incluso empresas de seguridad privada de que los agentes lleven sus armas descargadas, sin cartucho en la recámara o, en el caso de las armas largas, sin el cargador, ha sido vista en demasiadas ocasiones por los responsables de estos cuerpos como una medida de seguridad. Yo más bien pienso al contrario, que no es sino síntoma de inseguridad en los mandos y falta de confianza en el profesional que las empuña.

Si ustedes se fijan, todos los enfrentamientos son sorpresivos. En todos los casos los terroristas desenfundan primero. Ellos saben lo que van a hacer, lo han planificado cuidadosamente y eligen el momento idóneo. A sus adversarios, las fuerzas del orden que defienden a esas multitudes atacadas, no les queda otra que ser previsores, estar atentos e intentar ser más rápidos, más profesionales y más mortíferos cuando el combate se hace inevitable. Sólo así podrán defender sus vidas y las de terceros.

Los dos chavales de la policía italiana que se hallaban en una patrulla ordinaria por el aeropuerto de Milán, jamás hubieran pensado tener un servicio como el que tuvieron. No han empezado apenas a ejercer su profesión y uno ya ha recibido un balazo y el otro ha quitado una vida. Y por ambas cosas han de sentirse orgullosos, por fuerte que suene el celebrar la muerte de un ser humano. Lo hicieron bien, lo hicieron rápido y así evitaron muchas más muertes. El que disparó, no podría haberlo hecho igual de bien ni con tanta eficacia si no hubiera tenido su arma preparada, es decir, alimentada y cargada lo que traducido, significa con su cargador puesto y con un cartucho en la recámara solo pendiente de que su propietario apriete el gatillo para volar en busca de su objetivo. Así se llevan las armas cuando se portan no para usos lúdicos o deportivos, sino para defender vidas. No debería haber discusiones al respecto. Un policía con un arma sin cargador, es una estampa ridícula, ineficaz y peligrosa pues carece de toda capacidad de reacción que no sea atizarle al agresor con ella en la cabeza.

De todo esto, sin querer ponerme medallas, hablaba yo hace más de diez años a los escoltas privados de cuya formación era responsable. Les explicaba estas cosas y les hacía demostraciones que, día tras día, eran desautorizadas por policías a los que en sus academias enseñaban lo contrario, el arma sin montar y con todos los seguros puestos, no sea que. Hoy, la propia Ertzaintza ha realizado estudios que demuestran que el policía que lleva su arma lista para hacer fuego, garantiza mayores niveles de eficacia en la respuesta armada y, pásmense, mayor seguridad a los ciudadanos presentes en la escena ya que es más capaz de controlar su respuesta al eliminar manipulaciones intermedias entre el desenfunde y la apertura de fuego. He de decir que lo que yo decía no me lo había inventado, si bien prefiero no desvelar aquí cómo, con quiénes y en qué lugares adquirí tales conocimientos.

No estamos hoy para tonterías, para buenismos ni chorradas de bienpensantes trasnochados. Estamos con el buzo de faena puesto. Alerta terrorista 4 sobre 5. Es Navidad, la gente abarrota las zonas comerciales de nuestras calles. Ahí está tu hijo, tu madre, tu familia entera, están tus vecinos y gente que no conoces pero a la que te comprometiste a defender a cambio de un salario y un futuro para ti y los tuyos. En otro lugar, quizá lejos, un fanático sueña con reconquistar Al Andalus y aplicar la sharia en su territorio, fantasea con poner hiyabs a todas las mujeres y matar a todos los infieles a su estúpido y fanático credo. Tal vez, ojalá no, alguno ya haya atravesado el Estrecho sin ser detectado. Tal vez, ojalá no, algún joven nacido aquí de padres magrebíes haya caído en las redes de quienes se dedican a corromper las almas con monsergas medievales. Compañeros, vista aguzada, oído alerta y arma preparada. En eso está el ser un profesional, lo demás se lo dejo a los políticos. Nosotros a lo nuestro y Feliz Navidad. Hoy ceno en la Jefatura.

 

 

VIDA DE PERROS

 

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Un buen amigo me llamaba ayer para comunicarme que durante la noche, dos energúmenos habían apaleado con una barra de hierro al vigilante de seguridad que los sorprendió tratando de forzar las máquinas de café del Hospital de Galdakao, en Bizkaia. Por ver si lo conocía y podía ir a visitarle o, al menos, transmitirle mi solidaridad y mi afecto, hice algunas indagaciones sin resultado y a día de hoy, aunque conozco su nombre, creo que no lo conozco a él. Pero da lo mismo, entre perros se hace manada y desde aquí le mando mi abrazo solidario, el verdadero, no ese que cuando te lo dan te levantan la cartera y que es el que administraciones, clientes y sociedad en general vienen dando a los vigilantes en estos casos. El mío, repito, considérelo sentido y auténtico porque al transcurrir de los años uno ha llegado a conocer lo que es estar en el suelo recibiendo como una estera sin saber como acabará la cosa.

En agosto, otro buen amigo me contó que una vigilante de la estación del ferrocarril, fue avisada de que bajo un puente de Bilbao, uno de tantos sobre la ría, había una mujer colgada, ahorcada para que me entiendan. Acudió allí y, viendo que aún conservaba un hálito de vida, le realizó las maniobras de reanimación que le han enseñado en los cursillos anuales de la empresa y la sacó adelante hasta que pudo ser atendida por los sanitarios de la ambulancia que acudió al lugar.

Ese mismo agosto, otro señor se quejaba en una carta al director de que los vigilantes de Metro Bilbao habían dejado a un menor indefenso al no informarle de cuándo era el último tren de la noche, ni darle posteriormente solución alguna para que no fuera caminando él solo por oscuras carreteras hasta su casa. Se sorprendía este hombre de que no lo hubieran machacado a palos al chaval ya que a esas horas los vigilantes tienen poco trabajo y el aburrimiento predispone, según él, a la tortura sistemática de niños. Consultadas mis fuentes en el mundillo, que son muchas, resultó que los vigilantes habían contactado con sus padres, habían dado al menor toda clase de información y facilidades, que este se negó a seguir,  y por fin el chaval fue recogido en la misma estación o aledaños por el progenitor avisado previamente. También descubrí que el de la carta al director es un señor que se dedica, a falta de mejores talentos, a escribir a todos los directores de medios para ver su nombre en letra impresa bajo diatribas dirigidas a políticos, policías, vigilantes y todo lo que represente, aunque sea de lejos, un atisbo de autoridad. Es un problema que tiene, al parecer. Por su parte, me contaron también que al padre del chaval le molestó mucho que los vigilantes no hubieran acercado al crío a casa en el coche de empresa, abandonando el servicio público si fuere preciso, para no tener él que ir a buscarlo. A esas horas ya se sabe.

Tres historias contadas rápido, dos han salido en prensa, una, la de la vigilante heroína que salvó una vida, no la conoce nadie. Así son las cosas. Mientras, en cualquier parte, hay un tipo con un cuchillo, con una barra de hierro, a lo mejor con un fusil, esperando a hacer lo que vino a hacer. Por el pasillo se acerca el vigilante, solo, para recibir el golpe mortal y evitar que le llegue a usted. Por lo menos, téngale un respeto. Creo que no es mucho pedir.

 

Día internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer.

Imagen 1La mayoría de vosotros me conocéis por mi faceta de experto en falsedad documental, que es la que últimamente más me demandan en los medios televisivos, pero lo que algunos no conocéis, es que antes fui vigilante de seguridad, escolta e inspector de Seguridad Privada en empresas como SABICO y OMBUDS entre otras.

Fueron años muy duros los que estuve de escolta, ya que parte de mi familia y de mis amigos no sabían a lo que realmente me dedicaba. No era fácil de explicar en mi entorno que, un gerniqués de pura cepa como yo, hubiera optado por proteger la vida de las personas tuvieran la ideología, pensamiento o profesión que fuera, en vez de unirme al bando contrario o, como mínimo, profesar el mismo asco que algunos de mis amigos y parte de mi familia tenían a esas mismas personas a las que yo protegía sus vidas.

Periódicamente se publicaban listas con las fotos de los terroristas más buscados por la Policía, pero el riesgo de sufrir atentados por comandos no fichados por la Policía era muy alto, y eso dificultaba enormemente nuestro trabajo ya que todas las personas que rondaban por nuestro lado podían atentar contra nosotros, y os puedo asegurar que el desgaste físico y emocional de vivir en constante tensión era brutal. Por no hablar de lo que sufrían el resto de las personas a nuestro alrededor.

MI PAREJA ES MI TERRORISTA.

Afortunadamente esos tiempos están pasando a nuestra memoria, pero por desgracia paralelamente hemos estado viviendo otro tipo de terrorismo que perdura y no parece que vaya a desaparecer a corto plazo. La violencia ejercida por el hombre a la mujer.

Es algo que me produce tal repugnancia que, cuando he tenido que acudir en auxilio de una mujer que estaba siendo agredida física o verbalmente por un hombre, os juro que he sentido dificultades para controlarme, por tener que actuar como un profesional, por que lo que a uno le entran ganas es de darle una paliza al miserable y cobarde dejándole tirado en el suelo como a un trapo viejo. Por suerte para ellos, vivimos en un estado tan garantista que hasta esas sucias ratas despreciables tienen que ser protegidos y puestos a disposición judicial.

Han pasado más de 10 años desde la aprobación de la Ley Integral contra Violencia de Género https://www.boe.es/buscar/act.php?id=BOE-A-2004-21760, y la cifra de mujeres asesinadas es aterradora… 814 asesinadas desde el 2003, casi la misma cifra de asesinados por ETA en 47 años.

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¿HASTA CUANDO?

 Existen numerosas medidas de diferente índole que se tienen que tomar para erradicar esta lacra de nuestra sociedad, pero la primera que hay que tomar es que no maten a ninguna más. Y eso pasa por tomar medidas efectivas como las que adoptó en su día el gobierno al habilitar a los Escoltas Privados para la protección de cargos públicos (antes no podían), ya que desde entonces ninguna persona protegida por escoltas privados volvió a ser asesinada.

Dentro de las medidas dictadas por los jueces para proteger a las mujeres están las órdenes de protección, que engloban desde: órdenes de alejamiento, vigilancia policial en puntos fijos, y en los casos más graves escolta policial o privada. Ni que decir tiene que las órdenes de protección son muy bajas respecto al número de denuncias pero, dentro de las órdenes de protección, las escoltas son ridículas.

Ninguna mujer escoltada por la policía o personal de seguridad privada ha sido asesinada. Es algo que se tiene que tener valorar por los jueces y el Gobierno Central al igual que lo hicieron cuando ellos eran los asesinados por ETA, ¿o es que ellos valen más que una mujer?.

VICTIMIZACIÓN

 Como he dicho al principio, antes no sabíamos quién podía atentar contra nosotros pero ahora, podemos ponerle cara a nuestros agresores y eso a mi entender, sería motivo suficiente para cambiar el modelo de protección, pasando de proteger a la mujer, ha vigilar al agresor. Con el cambio en el modelo de protección conseguiríamos una sustancial mejora en la calidad de vida de la mujer ya que muchas personas rechazarían la escolta al sentirse “señalados”. Y disponemos de tecnología y medios como para sustentar de una forma efectiva ese cambio de protección.

FUTURO

No son necesarios dotes de adivinación para saber que las mujeres seguirán siendo asesinadas por sus parejas o ex parejas, y salvo que alguien me demuestre lo contrario, los único motivos por que no se les protege adecuadamente son meramente económicos, y como no puedo decir todo lo que me gustaría ya que al día siguiente me encontraría en un juzgado defendiéndome para no ser expulsado de la Policía diré que, policial y judicialmente hacemos todo lo que podemos. Pero no es suficiente.

Por Jose Luis Minteguia

Seguridad privada y estrategias globales de seguridad

¿Es cierto que los terribles hechos de París marcan un antes y un después Captura de pantalla 2015-01-15 a las 16.54.38en las estrategias globales de seguridad? Sería más adecuado decir que desde el atentado a las Torres Gemelas del 11 de septiembre de 2001, seguidos de los ataques a los trenes de Atocha del 11 de marzo de 2004 y los cometidos contra los autobuses de Londres el 7 de julio del año siguiente, la tranquilidad europea ha ido degradándose progresivamente al punto de hacer claramente ineficaces las políticas implementadas hasta la fecha. Lo de París, con ser gravísimo, no hace más que ahondar en la crisis. Recordemos a este respecto que fueron algunos más los muertos, 198, en los trenes de Atocha.

En España, las labores de inteligencia han dado al traste muy probablemente con varios atentados tanto en nuestro suelo como en el de otros países del entorno. Sin embargo, ¿qué se hace a pie de calle? Hablemos de los recursos de la seguridad privada.

Con casi 90.000 efectivos según las estadísticas y más de 200.000 habilitados para incorporarse a tareas de vigilancia y seguridad, el sector privado se configura como un interlocutor no ya importante, sino imprescindible en la estrategia preventiva de lucha contra el terrorismo a través de una de las funciones más básicas y a la vez efectivas de cuantas se desarrollan: la vigilancia de zonas, eventos, transportes, servicios públicos y grandes concentraciones de masas en general que a día de hoy constituyen los objetivos prioritarios de los terroristas.

En el partido del sábado entre el Real Madrid y el Fútbol Club Barcelona, han formado parte del dispositivo de seguridad la friolera de 1.400 Vigilantes de Seguridad, más que policías, con la labor de controlar los accesos, realizar cacheos y alertar a la policía de las situaciones de riesgo que pudieran detectarse. Todo ha ido a las mil maravillas y no ha habido que temer ningún peligro. Una vez más, la realidad desmiente a todos aquellos que injustamente despotrican contra los “privados” a veces desde las tribunas de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad. La situación actual recuerda otras parecidas, como cuando la policía no era capaz de proteger a todos los amenazados por ETA y tuvieron que ser los Vigilantes de Seguridad quienes se especializaran en la realización de escoltas, propiciando así en gran medida el fin de la banda al privarle de sus objetivos inmediatos.

Por lo tanto, basta ya de tonterías, de celos infundados. Como profesionales nos corresponde luchar por la incorporación de todos los recursos a un sistema integral de seguridad que garantice la tranquilidad de nuestros ciudadanos y ayude a los poderes públicos a luchar contra esta nueva lacra. 90.000 personas no es una fuerza desdeñable, los 100.000 más que están en la “reserva” son un refuerzo con el que le gustaría contar a cualquier policía o ejército. Ahora solo queda tomarse en serio las cosas y empezar a afinar con su formación, sus recursos operativos y, algo importante, unas condiciones salariales dignas del riesgo y la responsabilidad de las nuevas tareas que sin duda asumirán.

Las tres patas del banco de un plan integral de seguridad, recordemos, son los recursos humanos, los técnicos y la coordinación. Gente hay, medios técnicos no faltan, queda perfeccionar la coordinación de fuerzas. Solo así estaremos seguros.

Por César Charro

LA IDENTIDAD.

 

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Tenía terminado el artículo y listo para publicarlo en el blog cuando, para desgracia de todos, ocurrió la barbarie de Francia. Me encontraba trabajando junto a mis compañeros cuando los primeros Tuits empezaron a inundarme el móvil y tras minutos de intensa angustia sufriendo por la falta de noticias como un toxicómano con el “mono”, se confirmaron las sospechas… era un atentado.

Al margen de todo lo que ha rodeado a estos despreciables hechos, un patrón en particular se vuelve a repetir por parte de los terroristas y es que Ahmad Almohammad, uno de los asesinos, portaba un pasaporte sirio falsificado.

Como algunos compañeros recordarán, vengo avisando desde hace años que la modalidad delictiva en Euskadi pasa por momentos de transformación. Una transformación que se traduce en que empezamos a sufrir las consecuencias de delitos que hasta la fecha veíamos lejanos pero que han llegado para quedarse.

Cada uno tiene su propia opinión. Y yo, al igual que el resto, tengo la mía propia. Una opinión basada en más de 14 años de servicio en la seguridad privada y pública sobre por qué estamos sufriendo estos delitos ahora y no hace 20 años, como los llevan padeciendo en otras partes del país. Pero ese debate lo dejaremos para más adelante. Imagen 1

Lo que me hizo saltar las alarmas sobre una modalidad delictiva que se avecinaba silenciosa pero devastadora para el gremio de la seguridad, fue “comerme” un documento de identidad falso de Portugal. Falsedad que descubrí meses después tras volverme a encontrar con la misma persona pero esta vez bajo su verdadera identidad. Se puede imaginar la cara de idiota que se le queda a uno cuando descubre que ha sido engañado y la otra persona niega la existencia de tal documento apócrifo con una templanza digna de un monje shaolin.

Una y no más.

Desde entonces no he parado de formarme yo y formar a otros compañeros y no me he cansado de advertir hasta la saciedad en diversos foros lo importante que es el conocimiento para nuestras fuerzas de seguridad en orden a detectar las modalidades falsarias ya que de unos pocos años para acá las nacionalidades y los documentos de los delincuentes en Euskadi se han diversificado y multiplicado, fruto del momento político que vivimos actualmente y con unas consecuencias devastadoras por no saber detectar a tiempo un documento falso. La mayoría de documentos falsos se utilizan en: estafas, imputaciones a personas inexistentes, contratos fraudulentos o, en el peor de los casos, a situaciones como el vuelo de Malaysia Airlines, donde dos personas con pasaportes falsos subieron al avión, o la del cerebro de los atentados de París, Abdelhamid Abaaoud, que se jactaba de haber sido parado en un control policial sin ser detenido gracias a Alá. Gracias a Alá no, gracias a que los agentes no supieron pillarle.

La identidad es nuestro bien más preciado y la debemos guardar a toda costa, dando la importancia que merece el hecho de que perder una documentación que contiene datos personales es como perder una parte de nuestra identidad y el poner una denuncia no debería ser visto como un mero trámite administrativo sino la primera medida a tomar para protegernos no vaya a ser que alguien nos usurpe dicha identidad. Este último es un tema interesante, hablaremos de él más adelante.

Por Jose Luis Minteguia

ARDE PARÍS

parisNo voy a hacer recuento de los muertos en este post, bastantes se han hecho ya y seguramente las cifras vayan creciendo ya que los heridos graves son muchos. Mi intención es otra. He leído ya, como pasa siempre, y he oído también bastantes voces clamando contra los bombardeos en Siria, contra el capitalismo bestial y las ansias de dominar el mundo que tenemos los occidentales. He visto comparar las víctimas de uno y otro lado y decir incluso que también los yihadistas deben ser respetados en sus convicciones religiosas y deben nuestros gobiernos acercarse a hablar con ellos.

Yo creo que no nos enteramos. El ISIS ha declarado una guerra santa a Occidente. Esto es un hecho y lo dicen en todas las ocasiones que pueden. Es más, dicen que en un par de años estarán en Al Andalus, que es nuestra España de hoy, y ello nos está avisando no de que podamos ser un objetivo como París mañana, sino de que ya lo somos. A veces, en alguna tertulia televisiva me preguntan si esto puede pasar aquí. Me molesta tener tan poca memoria colectiva. Eso aquí ya ha pasado y peor. Casi 200 muertos en un ataque coordinado a varios trenes de Madrid. Por lo tanto, por favor, no vuelvan a preguntármelo porque la respuesta es obvia. No quiero ser el agorero que vaticine que puede, además, que vuelva a pasar en no demasiado tiempo algo similar, pero desde luego todas las opciones están abiertas.

¿Cree alguien que al Estado Islámico le preocupan las manifestaciones de repulsa que hacemos aquí tras cada uno de sus atentados? Al contrario, les llena de alegría ver llorar y sufrir a la población, porque es lo que han buscado con sus acciones. Lo que, en mi opinión, no les alegraría tanto es que a cada acción hubiera una respuesta contundente, dura, salvaje si se quiere en su propio terreno. Por ejemplo, liberar una de sus ciudades bastión. Por ejemplo, cortarles el suministro de petróleo con que se financian. Por ejemplo, acabar mediante bombardeos con drones con sus líderes y sus lugares emblemáticos.

Lo demás es alimentar a la bestia, el comparar muertos de un lado y de otro les hace fuertes aquí, en Europa, donde les hemos dejado asentarse porque todas las opiniones, aunque hablen de cortarnos el cuello, eran igualmente respetables. Y así nos va. Me molesta particularmente ese ejército de niñatos bienpensantes que  se apiadan de los asesinos y hablan de diálogo con quien es sabido por todos que no desea hablar sino cortar cuantas más cabezas mejor. Eso sí, a todos estos si un borracho les mea en el portal les falta tiempo para llamar a las fuerzas represivas y desear que lo corran a porrazos de su propiedad.

Así es hoy la sociedad occidental, no nos engañemos. Una sociedad en declive y en peligro. Pero no en un peligro que venga desde fuera, sino el de nuestra propia descomposición.

Y yo si, yo lloro las víctimas de París y aplaudo las del ISIS.