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Yihadismo, ¿estamos en guerra?

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La Guerra Santa llega a Europa

 

Doce muertos en París. Dos hombres pertrechados de armas automáticas han consumado una de las mayores carnicerías que pueden recordarse en la capital francesa desde los tiempos de la independencia de Argelia y lo que vino después. Pero, ¿estamos ante una guerra? Definir el concepto hoy día no es sencillo, pues muchas son las formas que la violencia viene alcanzando en el mundo y no todas pueden calificarse como tales. Vamos a ver los hechos y luego cada cual decidirá.

El EI, Estado Islámico, y Al-Qaeda, organización aún existente, han anunciado al mundo, por activa y por pasiva, que se hallan en guerra santa contra Occidente, incluyendo aquí a toda Europa, América, Oceanía y gran parte de Asia. Es decir, contra todos aquellos que son considerados infieles y no mahometanos. Por tanto, para estas organizaciones, lo que ha sucedido hoy, es una acto de guerra, una de sus operaciones militares en las que ellos, con su lógica, intentan dañar a su enemigo en su propia casa para infundirle miedo y sentimiento de derrota. Con ello, como ya dijera Sun Tzú, se intenta que el ejército contrario deje de luchar y se rinda al ver el enorme poder destructivo del adversario y cómo le puede golpear.

Por otro lado, los dos asesinos de hoy en París son soldados, término en el que englobo a personas entrenadas en la guerra. Soldados tienen los ejércitos, los tiene la Camorra (“soldati”) y los tienen los ejércitos mercenarios. Un soldado no tiene por qué pertenecer a un ejército regular, sino que es un individuo a la orden de una autoridad superior y cuya misión es causar bajas al enemigo que se le designe. Estos eran soldados pero no de élite. De su acción no se puede inferir una enorme preparación militar, sus movimientos son un ir y venir desacompasado, se equivocan a la hora de abordar el objetivo y solo después corrigen el error consiguiendo acceder a la redacción para convertirla en zona de muerte … Son simples peones con la instrucción justa pero, probablemente, con experiencia en combate en alguna de las muchas guerras que tan lejos nos quedaban hasta ahora. Suficiente para matar civiles y enfrentarse a policías con armamento básico.

Viendo las imágenes, oyendo las declaraciones incendiarias de algunos imanes en las mezquitas europeas,, habiendo constatado cómo las redes de la delincuencia menor de origen árabe terminan pagando tributo a la causa del yihadismo, díganme ustedes si les parece que estamos en guerra o no.

Lo publiqué en Facebook. El día 2 de octubre pasado, con motivo de la festividad de los Ángeles Custodios a la que suelo ser invitado, tuve la oportunidad de compartir corrillo con media docena de agentes de servicios de información de varios cuerpos, a saber, Guardia Civil, CNP y CNI. No me pregunten qué coño hacía yo allí ni en calidad de qué me admiten a escuchar sus opiniones, que eso es harina de otro costal. El caso es que todos coincidían en la gran amenaza que para nuestro país suponían los movimientos del mundo radical islámico que ellos venían detectando, investigando y de los cuales pasan, desde hace años, informe regular a unas autoridades que se los vienen pasando, a su vez, por el forro de los cojones. Un ejemplo que ponían era que si ellos recomendaban no permitir la entrada en España de tal o cual iman venido de Holanda o Inglaterra a la inauguración de alguna mezquita por su vinculación con el salafismo radical, a las autoridades políticas les faltaba poco para dejarle pasar la frontera  y, por supuesto, permitir su libertad de movimiento así como sus soflamas ante un público cada vez más numeroso, violento y entregado.

Libramos, pues, dos guerras. Una contra el integrismo radical, no contra los árabes, y otra contra los tontos, los ineptos y los sinvergüenzas que tenemos en nuestro país mandando y tomando decisiones. Es más difícil ganar la segunda, creo yo, y por eso la primera la tenemos medio perdida. Acuérdense de que los asesinos de doscientos compatriotas en los trenes de Madrid ya están todos en la calle. Tengan en cuenta que aquí hay actores que, como no saben actuar, se dedican a traicionar a su país, al mismo que les da de comer y les subvenciona  películas y obras de teatro que no van a ver ni sus padres, justificando cualquier asesinato de funcionarios de seguridad. Piensen también que cada medida de control, cada ley de seguridad, cada decisión gubernamental en este sentido, se encuentra enfrente inmediatamente con politicuchos que acusan de fascista, xenófobo y racista a quien tiene la obligación de tomarlas para protegernos a todos. Y no pasa nada. En las calles mueren los ciudadanos y les importa un huevo, mientras los que quedan sigan votándoles. Asesinan a policías y la pena les dura los dos minutos que salen en el plano del telediario. Hay atentados y alegan el imperio de la ley, una ley que ellos sodomizan para robarnos antes el dinero y, ahora que ya no queda, la seguridad. No digo que todos los políticos quepan en este saco, ojo, pero si que los que siguen limpios no han conseguido imponerse aún a los idiotas.

Me pregunta mi amiga Maika si lo de París puede pasar aquí sin caer en la cuenta de que ha pasado algo peor ya, que fue lo de los trenes de Atocha. Aquí, lo de París puede pasar dentro de una semana, dos días o un cuarto de hora porque España es Al Andalus, el paraíso perdido y un leit motiv de lucha para esta gente que han decidido ser nuestros enemigos y enfrentársenos a sangre y fuego en nuestras calles y nuestras casas. Y, muy importante, aquí puede pasar porque Europa está dormida, somos como los pollos que ven cómo el carnicero cada día elige a uno para cortarle el cuello y, pese a ello, no hacen otra cosa que arrinconarse contra la pared y procurar no mirar el filo con la vana esperanza de que a ellos no les llegue la muerte. Pero ningún pollo muere de viejo.

¿Estamos en guerra? No tengo ni puta idea, pero como no empecemos a tomárnoslo en serio la perderemos.

Mi publicación del 02 /10/2014

Mi publicación del 02 /10/2014

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UNA PISTOLA Y VEINTICINCO BALAS. El fin de un proyecto.

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El día 19, viernes, terminó para mi uno de los proyectos más queridos de mi vida. No hablo de la vida profesional, que la mía está harto alejada del mundo de las letras, sino de algo más profundo. Me refiero a lo que fue mi peripecia vital durante muchos años y la huella que ello me dejó en muchos aspectos. Haber tenido la fortuna de narrar el trabajo de los escoltas privados en el País Vasco durante los años del terrorismo, del éxito de su labor, gracias a la cual hoy vivimos sin la zozobra de los atentados terroristas y, de algún modo marginal, haberme podido considerar incluido en su hermético mundo, ha supuesto para mi un hito. Y es que hay experiencias en la vida que no te dejan incólume, que te transforman aunque tú no lo hubieras querido y que, vistas desde la perspectiva del tiempo, te hacen reconocer que cambiaron tu vida. Ese ha sido mi caso.

He tardado más de un año en poner sobre el papel un libro de doscientas cincuenta páginas que, siempre lo digo, ya estaba escrito en mi cabeza desde hacía años. No me ha costado más esfuerzo que el de sacar tiempo de aquí y allá para redactarlo porque a medida que lo iba haciendo, las palabras me salían tan fluidas sobre el folio en blanco que, por un momento, tuve la osadía de creerme un escritor de verdad. Nada más incierto. Ahora que lo he terminado, siento que acaso no pueda volver a hacer algo así nunca más por la sencilla razón de que jamás alcanzaré vivencias de tal intensidad como las que tuve entonces al lado de aquellos que salen en las páginas del libro. Será en todo caso muy difícil. He empezado a pensar en alguna cosilla que tenía en la cabeza y es como si estuviera vacío. La pluma no va, las frases que escribo no son ocurrentes, carecen de chispa y no las veo como el futuro embrión de nada serio. Y eso que me apetecería seguir escribiendo. Pero dudo de mis capacidades para ello. Al final, quizá todo se deba a que uno es lo que es y punto. Un tipo que trabaja en la calle, que gasta suela, pasa frío y se la envaina cuando la política decide sobre lo profesional. Que cobra un sueldo por ello y al que el destino no le tiene deparada otra vida que la que lleva desde hace más de veinte años. Está bien, será así, pero siempre agradeceré a los dioses que me hayan dejado asomarme al maravilloso mundo de la escritura. Muchísimas gracias a todos por la acogida. Ahora, a la realidad, que ya tengo el uniforme preparado y las botas lustradas.

Información sobre el acto de presentación del libro UNA PISTOLA Y VEINTICINCO BALAS

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Como corresponde a un post meramente informativo, me abstendré de todo aquello que no tenga directamente que ver con dicho talante.

En primer lugar, tengo que agradecer a todo el mundo la enorme acogida que el proyecto está teniendo. Y hablo de proyecto, pues trasciende ya de la mera presentación de un libro. Estamos, sin duda, ante un evento en el que se reivindicará una parte de la memoria, la de los escoltas privados, y su contribución a la situación actual de convivencia pacífica.

Aparte de la presentación, por parte del autor, del libro y sus circunstancias, está prevista la intervención de escoltas, asociaciones de víctimas y la plataforma recientemente creada Las Sombras Olvidadas de Euskadi, cuyo objetivo es reclamar el cumplimiento de las promesas incumplidas para con su colectivo profesional. El acto durará una hora y pico, dos como mucho, que no se trata de aburrir.

Se espera la asistencia de políticos, sindicatos, asociaciones profesionales, medios de comunicación, escoltas, familiares de estos, etc. y tengo que decir que personalmente me alegraré de que todos  ellos oigan lo que estos chicos van a contarles que, supongo, removerá algunas conciencias.

La dimensión que ha tomado el acto, me ha hecho encargar a la editorial un suplemento en la impresión de ejemplares y, también, tenemos externalizado el contacto con los medios de comunicación a través de un responsable de prensa. Todo apunta a unas buenas cifras de participación.

En cuanto a las inscripciones, un ruego: en el enlace de más abajo está toda la información sobre el evento y cómo inscribirse. La afluencia esperada hace suponer que puede haber problemas de espacio, pese a que contamos con un aforo de 270 butacas. Por tanto, es necesario enviar datos (nombres, apellidos y un teléfono móvil) al correo indicado para ser inscritos en la lista. Esta semana comenzamos con las invitaciones aunque ya tenemos, según mis cálculos, casi 100 plazas ocupadas, así que, por favor, no lo dejen para última hora.

Y a todos, lo reitero humildemente. Mil gracias.

Click en el link para ver la información: Proyecto Una pistola y 25 balas

Presentación del proyecto UNA PISTOLA Y VEINTICINCO BALAS. La historia de los escoltas en el País Vasco.

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Hoy vengo aquí a hablar de mi libro, como dijo Francisco Umbral y como digo yo que le gustará hacer a todo el que escriba uno. El mío ha sido un proyecto de un año y medio más o menos y me gustaría contar cómo comenzó, por qué lo hice y cuales son las previsiones que tenemos para un futuro tan inmediato que ya se nos echa encima.

La idea de contar en un libro la tarea de los tres mil hombres y mujeres que durante 15 años más o menos se dedicaron a proteger a los amenazados por el terrorismo en el País Vasco, me fue sugerida por varios de sus protagonistas tras leer un post que, con el mismo título, publiqué en este blog. Fue el más leído de todos los que hasta entonces había colgado en él, aunque luego vinieron otros que, con más de diez mil visitas, lo superaron con creces. Me pareció, por el conocimiento que yo tenía de los escoltas privados y sus circunstancias, que estaban siendo tan injustamente maltratados y tan cruelmente olvidados que merecían que alguien sacara su historia de las catacumbas para airearla y que se conociera por la sociedad. Claro que cuando esto se lo plantea alguien con el escaso peso que uno tiene en ella, lo previsible es que no lo lea nadie o, si acaso, lo hagan sus amigos y familiares. Es más, lo raro es que pueda incluso publicarlo. Y, sin embargo, miré en muchos lugares, hablé con muchos periodistas y no encontré a nadie a quien le mereciera la pena escribir de ello. Así que me puse yo.

Descubrí entonces que tenía cosas que contar. De lo que, a su vez, me habían contado a mi los escoltas y de lo que yo había vivido con ellos debido a las circunstancias que se narran en el libro. A partir de ahí, la verdad, siempre estuve convencido de que el proyecto vería la luz. Era tal su interés, tal el heroísmo, las renuncias personales, el sacrifico y la entrega que destilaban las vivencias acumuladas por estas tres mil personas en aquellos años, que nunca me cupo duda de que, en el momento que lo terminara y alguien lo leyera, vería el enorme potencial y el gran interés que tiene la historia. La pena es que la haya contado un don nadie como yo y no Arturo Pérez Reverte. Ese si que la iba a petar, ya lo creo. Pero, bueno, aquí estamos.

Es un libro, pese a ser un homenaje a otros, muy personal. Es lo que yo creo, lo que yo he visto y lo que yo siento. Y conmigo, más gente. Mucha, ya lo verán. Por lo pronto, y sin todavía haber visto la luz, tuve que olvidarme de irlo dando a cuatro amiguetes en mano y me he visto en la obligación de hacer una presentación. Lo siguiente que ha ocurrido es que tuve que cambiar el lugar en principio previsto porque el modesto aforo de setenta butacas se quedaba muy corto a la luz de las previsiones actuales. Después, he ido aglutinando un equipo de profesionales a mi alrededor que preparan, gratis y con una ilusión sorprendente, el lanzamiento del evento. Hay asociaciones, periodistas, profesionales del mundo de la seguridad, publicistas, … Créanme que estaba ya sobrepasado con esto. Lo último es que esta semana he recibido la llamada de un responsable de prensa desde el Congreso de los Diputados interesándose por acudir a la presentación y ya varios grupos parlamentarios han solicitado enviar una representación oficial. Lo mismo pasa con los medios de comunicación, que ya han empezado a solicitar pases de prensa. Figúrense. No se ni lo que es un pase de prensa.

Yo quiero que vaya todo el mundo y sobre todo los escoltas, entre los que acudirá una plataforma recientemente constituida para reclamar que el gobierno cumpla las promesas que les hicieron tras el cese de la violencia. Me encantará ver por allí a los políticos para que escuchen de primera mano a estos chicos. Ojalá puedan ir también todos los que vivieron de alguna forma esta situación que nunca debió producirse. Al final, y de esto es de lo que más contento estoy, puede que la presentación se convierta en una jornada por la memoria y contra el olvido. A lo mejor peco de inmodestia, pero quién sabe si no podemos contribuir con ello a escribir un pedacito de historia. Por lo menos, antes de que lo hagan los otros, los que mataban.

¿Que para qué lo escribí? Lo pongo en el libro, y cito:

“Para que las personas ajenas a los hechos alcancen a ver lo que gracias a su contribución hemos conseguido y para que sus familias comprendan por qué en algunos momentos fueron desatendidas o sufrieron en sus carnes los daños colaterales de una profesión poco grata”. Pues eso.

Nota: El acto de presentación está previsto para el 19 de diciembre por la mañana en Bilbao. Si algún lector desea acudir, puede enviar ya sus datos (nombre, apellidos, dni y teléfono) en un mensaje privado.

1980. El turno de escribir la historia.

1980

A veces uno tiene la fortuna  de que alguien se cruce en tu vida por casualidad y que, desde entonces, las cosas adquieran otra perspectiva. También es una suerte que no puedo rechazar el que de este encuentro salgas convertido en mejor persona. Una de estas amistades, amiga a su vez del realizador, me invitó el pasado jueves al estreno del documental titulado 1980, que se adentra en los hechos terroristas sucedidos durante ese año, el de más muertos causados por ETA. Su director, Iñaki Arteta es autor de los largometrajes TRECE ENTRE MIL (2005), nominado a los Goya, EL INFIERNO VASCO (2008) y TESTIGO INVOLUNTARIO. NICOLÁS REDONDO (2012). Cine documental con mayúsculas y documento histórico para recordar.

En 1980, el documental, se nos cuenta  cómo este año contribuyó a afianzar la marca ETA en todo el mundo con casi cien asesinatos, cientos de atentados con explosivos, decenas de secuestros y multitud de atentados fallidos. También se narra cómo las connivencias de ciertos sectores sociales, incluida la iglesia, propició el que se matara más y mejor. Y esto escuece.

Iñaki Arteta tendrá, como ha tenido antes, dificultades para exhibir su obra en ciertos lugares y, de hecho, es una producción financiada por crowfunding, es decir, con la aportación económica y desinteresada de particulares a título personal. Y, sin embargo, su película, así como su coraje, son más que necesarios imprescindibles hoy día, en que parece que se nos olvidan los ochocientos muertos que yacen en los cementerios.

Podemos estar de acuerdo en que todo ha pasado y en que debemos mirar hacia adelante. Pero solo los estúpidos son incapaces de mirar atrás. Los estúpidos y los interesados. Llega el tiempo de escribir la historia de una época tan cercana que ni siquiera ha pasado todavía y, en este intento, se empieza a ver ya una ignominiosa tendencia a olvidar.

Yo me niego a ello. Sentado en la oscuridad de la sala, me reconocí entre las gentes sin compromiso que prefirieron no meterse en nada que les pudiera poner en peligro. Jamás milité en ningún sitio, nunca apoyé a nadie públicamente y me desentendí cobardemente de que había unos asesinos que mataban a la gente que me rodeaba. Vi como expulsaron de aquí a un compañero de universidad porque su padre era guardia civil retirado y viví muy de cerca el asesinato de mi antiguo profesor Jose María Lidón. Y no dije nada. Y como no dije nada entonces, en el cine me puse a llorar como un gilipollas de vergüenza y de rabia y de impotencia. Y cuando se encendieron las luces no podía ni mirar a mi acompañante, así que me dejé guiar por las calles de Bilbao, me bebí tres vinos y un gin tonic y me fui a casa conduciendo medio borracho.

En fin, a lo mejor esto no sirve para nada pero les recomiendo que vayan a ver 1980.

En el punto de mira (otra vez).

Este soy yo, para el que no me conozca

Este soy yo, para el que no me conozca

Dicen que la talla de un hombre se mide por la de sus enemigos y al parecer al que suscribe le han surgido algunos con motivo de sus opiniones en este blog. Bueno, no los llamaría yo enemigos, sino adversarios, que quien como yo se ha visto ante enemigos de verdad, sabe que la palabra nunca hiere de la misma forma que las piedras, las navajas o las balas. Además, si no hubiera querido que nadie opinara en contra, no hubiera empezado este blog, ni participaría en los programas de televisión en los que participo habitualmente.

Me manda David, lector de mis artículos, un comentario con un enlace “por si me están pitando los oídos”, para que vea por donde me llegan los tiros. Lo abro y descubro que alguien, al que no alcanzo a identificar del todo pero que debe de participar en alguna de esas publicaciones anti policía, anti vigilantes y anti todo lo que lleve uniforme, está disgustado por mis palabras. Bajo el título de “Seguridad Privada: dinero nuestro, beneficios suyos”, arremete contra un servidor al que califica de “experto”, entrecomillando la expresión para resaltar seguramente que no lo soy, diciendo que arrimo el ascua a mi sardina, ofreciendo en el centro de formación del que soy fundador, “cursos basados en la normativa para formar a agentes de seguridad en la vigilancia de centros de internamiento”, el primero homologado que se dio en  España, y afeando de paso que se ofreciese en su día un descuento del 25% para vigilantes y escoltas en paro. Y dicen que digo que la seguridad privada es más barata y que todos salen ganando con la medida.

En el siguiente párrafo me critica el que le enmiende la plana al representante de Erne cuando afirmó en una reunión de EUROCOP que los vigilantes eran “guardas jurados disfrazados de policías” y por haber dicho lo que dije, que es lo siguiente: “no hay palabras para describir la mezquindad de quien, partiendo de una causa justa, la defensa de lo público, carga contra un colectivo al que deberían mirar con la admiración que merece quien trabaja sin medios, por la mitad del sueldo que ese señor, realizando muchísimas más horas anuales y sin disponer de prácticamente ninguna estabilidad laboral. Y encima vilipendiados. Además de puta, la cama”. Sí que lo escribí, si, me acuerdo perfectamente. Y me ratifico en ello, por si quedan dudas.

Dice que, si tan malos son los salarios, no es cierto que todos salgan ganando y que solo ganamos Prosegur y yo, como si estuviéramos a la misma altura un centro que no tiene ni secretaria para recibir a los clientes y Prosegur, que factura millones . Qué gran honor. Claro, este señor o señora seguramente tiene trabajo, como lo tengo yo, y se dedica a ser un antisistema de opereta tras salir del curro y tomarse un par de cervecitas con los colegas.

La diferencia entre él y el que escribe es que yo estoy día a día con vigilantes y escoltas que han perdido sus empleos, sus casas, sus familias y cuyas historias, no una, sino más veces, me han hecho llorar en  mi oficina, cuando me quedo a solas. Tragedias terribles a las que no me acostumbro. Historias de alcohol, de suicidios, de abandono, de personas en la frontera de la mendicidad. Historias de la Seguridad Privada de hoy.

Que quede clara mi opinión: La idea de que los vigilantes custodien los centros penitenciarios y dependencias de seguridad me parece que es beneficiosa para fomentar la contratación de muchos agentes privados hoy en desempleo. Me parece también que, en un país que merezca llamarse tal y ser la patria de todos los que en él habitan, dejar abandonados a su suerte a aquellos que con sus vidas protegieron a los políticos de la barbarie terrorista, es una indignidad que me avergüenza como español. Creo también que la seguridad privada es más barata que la pública porque, entre otras cosas, el salario del vigilante es una pura mierda y que eso debería revisarse y pelearse con furia por sindicatos y organizaciones de trabajadores, ya que es otra vergüenza. Y pienso, finalmente, que todos los sindicatos policiales que hoy critican la medida, poco criticaron cuando los vigilantes comenzaron a hacer escoltas a cargos públicos en los años del plomo. Aquellas sí que eran tareas policiales y no oí que las reclamaran para ellos en exclusividad. Al contrario, les vino muy bien que los privados se jugaran la vida en las calles mientras ellos se sentaban, entre otros destinos, en las garitas de las prisiones a vigilar las cámaras y a tomar café.

No creo que haya mucha gente más corporativista que yo en la defensa de la labor policial, ahí están mis escritos, pero de esto a justificar lo injustificable a base de hundir en la miseria al gremio hermano de la seguridad privada va un abismo.

Así que nada, sigo opinando lo mismo, encantado de estar (otra vez) en el punto de mira de algunos y de que mis modestos articulillos se lean, que para eso los escribo. Y, sí, me considero culpable de promocionar cursos con descuentos para compañeros en paro. Ahora ha terminado uno totalmente gratuito. Y al que no le guste, que no mire.

 

Desarmes, verificaciones y otras cosas de moda.

Era el desarme de ETA. No pude resistirme a ir y hacer la foto.

Era el desarme de ETA, no pude resistirme a ir y hacer la foto.

He esperado adrede porque me imaginaba lo que iba a pasar. Hace dos semanas largas que aparecieron por el Hotel Carlton de Bilbao los verificadores con la famosa acta de entrega-que-no-es-entrega de armas de ETA y la gente ya ni se acuerda. En este país, el vasco, el español o los dos juntos, cada uno que elija la fórmula que guste, ya estamos hechos a las voces como los gorriones, que dicen en mi pueblo.

Tal es el fracaso social de ETA últimamente que sus gestos no sirven más que para cachondeo de los de Vaya Semanita, tertulias televisivas y mareo de la perdiz. Yo creo que, si fuera de ETA, hubiera intentando hacer las cosas de otra forma que pareciera más seria. Entre dimes y diretes, teatrillos y tops manta de armas, lo que si es cierto es que hay que alegrarse de que estemos en este punto, ya que no muere gente ni se ponen bombas.

Me convocaron de la televisión vasca para dar mi opinión técnica sobre el asunto, en concreto de los informativos y del programa Sin Ir Más Lejos, lugares habituales de mis colaboraciones televisivas. En los dos casos me pronuncié solo técnicamente y expuse que no se podía considerar un desarme la exposición de cuatro armas en una mesa, las cuales nadie comprueba y hay que fiarse de un papel que traen escrito los etarras, limitándose los verificadores a firmarlo. Encima, las armas además se vuelven por donde han venido en manos de los etarras. Causó cierto estupor que yo dijera en el debate que ni siquiera sabíamos si eran de verdad o réplicas de esas de bolitas, tanto que han hecho con mis declaraciones video aparte, privilegio que se reserva siempre a los que dan la campanada. Confieso que eran ganas de provocar y retorcer las cosas pero, acostumbrados a que nos engañen, quería dejar patente encima de la mesa la escasa fiabilidad de la iniciativa a ojos de cualquier verificador que fuera imparcial y estos, está claro, no lo son. Si lo fueran, hubieran examinado una por una las armas, las hubieran manipulado, ellos o algún experto, hubieran tomado muestras de los explosivos para su análisis y, solo después, hubieran firmado que reciben “lo que parece ser el explosivo tal y tal” o “un arma en correcto estado de funcionamiento marca tal, número de serie tal y calibre cual”. Ah, y se las hubieran entregado a la policía. Para eso pretenden ser los notarios del proceso y la verdad es que me cuesta creer que esta gente tan prestigiada no sepa hacer las cosas bien. Así, ¿qué gobierno va a confiar en ellos?

En fin, creo que es un gesto insuficiente, tanto como lo sería que el gobierno, a cambio, acercara a dos presos a un cuarto de hora menos de viaje para sus familiares. En los próximos días veremos qué pasa, si es que pasa algo. Si no, veremos llover. Yo, por mi parte, me ofrezco como verificador técnico de las armas, con las cuales tengo cierta soltura. Creo que quedaría bien en los vídeos, chas, chas, manipulando los cerrojos con mano experta, extrayendo cargadores con la cara seria y mirando a los verificadores con gesto de asentimiento. Como soy un tío sin prestigio ni caché, me conformaría con que me pagaran un pincho-pote y con la efímera fama que me daría el evento. Como nunca he sido famoso, no se qué haría con ella pero, tras sopesarlo, he pensado que lo mejor será poner un bar de copas, como los futbolistas, y así me aseguro la vejez.

 

Click sobre el enlace para ver la noticia:

http://www.eitb.tv/es/video/teleberri–mediodia/2062948208001/3237312451001/21-feb-14/

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