Seguridad privada y estrategias globales de seguridad

¿Es cierto que los terribles hechos de París marcan un antes y un después Captura de pantalla 2015-01-15 a las 16.54.38en las estrategias globales de seguridad? Sería más adecuado decir que desde el atentado a las Torres Gemelas del 11 de septiembre de 2001, seguidos de los ataques a los trenes de Atocha del 11 de marzo de 2004 y los cometidos contra los autobuses de Londres el 7 de julio del año siguiente, la tranquilidad europea ha ido degradándose progresivamente al punto de hacer claramente ineficaces las políticas implementadas hasta la fecha. Lo de París, con ser gravísimo, no hace más que ahondar en la crisis. Recordemos a este respecto que fueron algunos más los muertos, 198, en los trenes de Atocha.

En España, las labores de inteligencia han dado al traste muy probablemente con varios atentados tanto en nuestro suelo como en el de otros países del entorno. Sin embargo, ¿qué se hace a pie de calle? Hablemos de los recursos de la seguridad privada.

Con casi 90.000 efectivos según las estadísticas y más de 200.000 habilitados para incorporarse a tareas de vigilancia y seguridad, el sector privado se configura como un interlocutor no ya importante, sino imprescindible en la estrategia preventiva de lucha contra el terrorismo a través de una de las funciones más básicas y a la vez efectivas de cuantas se desarrollan: la vigilancia de zonas, eventos, transportes, servicios públicos y grandes concentraciones de masas en general que a día de hoy constituyen los objetivos prioritarios de los terroristas.

En el partido del sábado entre el Real Madrid y el Fútbol Club Barcelona, han formado parte del dispositivo de seguridad la friolera de 1.400 Vigilantes de Seguridad, más que policías, con la labor de controlar los accesos, realizar cacheos y alertar a la policía de las situaciones de riesgo que pudieran detectarse. Todo ha ido a las mil maravillas y no ha habido que temer ningún peligro. Una vez más, la realidad desmiente a todos aquellos que injustamente despotrican contra los “privados” a veces desde las tribunas de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad. La situación actual recuerda otras parecidas, como cuando la policía no era capaz de proteger a todos los amenazados por ETA y tuvieron que ser los Vigilantes de Seguridad quienes se especializaran en la realización de escoltas, propiciando así en gran medida el fin de la banda al privarle de sus objetivos inmediatos.

Por lo tanto, basta ya de tonterías, de celos infundados. Como profesionales nos corresponde luchar por la incorporación de todos los recursos a un sistema integral de seguridad que garantice la tranquilidad de nuestros ciudadanos y ayude a los poderes públicos a luchar contra esta nueva lacra. 90.000 personas no es una fuerza desdeñable, los 100.000 más que están en la “reserva” son un refuerzo con el que le gustaría contar a cualquier policía o ejército. Ahora solo queda tomarse en serio las cosas y empezar a afinar con su formación, sus recursos operativos y, algo importante, unas condiciones salariales dignas del riesgo y la responsabilidad de las nuevas tareas que sin duda asumirán.

Las tres patas del banco de un plan integral de seguridad, recordemos, son los recursos humanos, los técnicos y la coordinación. Gente hay, medios técnicos no faltan, queda perfeccionar la coordinación de fuerzas. Solo así estaremos seguros.

Por César Charro

LA IDENTIDAD.

 

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Tenía terminado el artículo y listo para publicarlo en el blog cuando, para desgracia de todos, ocurrió la barbarie de Francia. Me encontraba trabajando junto a mis compañeros cuando los primeros Tuits empezaron a inundarme el móvil y tras minutos de intensa angustia sufriendo por la falta de noticias como un toxicómano con el “mono”, se confirmaron las sospechas… era un atentado.

Al margen de todo lo que ha rodeado a estos despreciables hechos, un patrón en particular se vuelve a repetir por parte de los terroristas y es que Ahmad Almohammad, uno de los asesinos, portaba un pasaporte sirio falsificado.

Como algunos compañeros recordarán, vengo avisando desde hace años que la modalidad delictiva en Euskadi pasa por momentos de transformación. Una transformación que se traduce en que empezamos a sufrir las consecuencias de delitos que hasta la fecha veíamos lejanos pero que han llegado para quedarse.

Cada uno tiene su propia opinión. Y yo, al igual que el resto, tengo la mía propia. Una opinión basada en más de 14 años de servicio en la seguridad privada y pública sobre por qué estamos sufriendo estos delitos ahora y no hace 20 años, como los llevan padeciendo en otras partes del país. Pero ese debate lo dejaremos para más adelante. Imagen 1

Lo que me hizo saltar las alarmas sobre una modalidad delictiva que se avecinaba silenciosa pero devastadora para el gremio de la seguridad, fue “comerme” un documento de identidad falso de Portugal. Falsedad que descubrí meses después tras volverme a encontrar con la misma persona pero esta vez bajo su verdadera identidad. Se puede imaginar la cara de idiota que se le queda a uno cuando descubre que ha sido engañado y la otra persona niega la existencia de tal documento apócrifo con una templanza digna de un monje shaolin.

Una y no más.

Desde entonces no he parado de formarme yo y formar a otros compañeros y no me he cansado de advertir hasta la saciedad en diversos foros lo importante que es el conocimiento para nuestras fuerzas de seguridad en orden a detectar las modalidades falsarias ya que de unos pocos años para acá las nacionalidades y los documentos de los delincuentes en Euskadi se han diversificado y multiplicado, fruto del momento político que vivimos actualmente y con unas consecuencias devastadoras por no saber detectar a tiempo un documento falso. La mayoría de documentos falsos se utilizan en: estafas, imputaciones a personas inexistentes, contratos fraudulentos o, en el peor de los casos, a situaciones como el vuelo de Malaysia Airlines, donde dos personas con pasaportes falsos subieron al avión, o la del cerebro de los atentados de París, Abdelhamid Abaaoud, que se jactaba de haber sido parado en un control policial sin ser detenido gracias a Alá. Gracias a Alá no, gracias a que los agentes no supieron pillarle.

La identidad es nuestro bien más preciado y la debemos guardar a toda costa, dando la importancia que merece el hecho de que perder una documentación que contiene datos personales es como perder una parte de nuestra identidad y el poner una denuncia no debería ser visto como un mero trámite administrativo sino la primera medida a tomar para protegernos no vaya a ser que alguien nos usurpe dicha identidad. Este último es un tema interesante, hablaremos de él más adelante.

Por Jose Luis Minteguia

ARDE PARÍS

parisNo voy a hacer recuento de los muertos en este post, bastantes se han hecho ya y seguramente las cifras vayan creciendo ya que los heridos graves son muchos. Mi intención es otra. He leído ya, como pasa siempre, y he oído también bastantes voces clamando contra los bombardeos en Siria, contra el capitalismo bestial y las ansias de dominar el mundo que tenemos los occidentales. He visto comparar las víctimas de uno y otro lado y decir incluso que también los yihadistas deben ser respetados en sus convicciones religiosas y deben nuestros gobiernos acercarse a hablar con ellos.

Yo creo que no nos enteramos. El ISIS ha declarado una guerra santa a Occidente. Esto es un hecho y lo dicen en todas las ocasiones que pueden. Es más, dicen que en un par de años estarán en Al Andalus, que es nuestra España de hoy, y ello nos está avisando no de que podamos ser un objetivo como París mañana, sino de que ya lo somos. A veces, en alguna tertulia televisiva me preguntan si esto puede pasar aquí. Me molesta tener tan poca memoria colectiva. Eso aquí ya ha pasado y peor. Casi 200 muertos en un ataque coordinado a varios trenes de Madrid. Por lo tanto, por favor, no vuelvan a preguntármelo porque la respuesta es obvia. No quiero ser el agorero que vaticine que puede, además, que vuelva a pasar en no demasiado tiempo algo similar, pero desde luego todas las opciones están abiertas.

¿Cree alguien que al Estado Islámico le preocupan las manifestaciones de repulsa que hacemos aquí tras cada uno de sus atentados? Al contrario, les llena de alegría ver llorar y sufrir a la población, porque es lo que han buscado con sus acciones. Lo que, en mi opinión, no les alegraría tanto es que a cada acción hubiera una respuesta contundente, dura, salvaje si se quiere en su propio terreno. Por ejemplo, liberar una de sus ciudades bastión. Por ejemplo, cortarles el suministro de petróleo con que se financian. Por ejemplo, acabar mediante bombardeos con drones con sus líderes y sus lugares emblemáticos.

Lo demás es alimentar a la bestia, el comparar muertos de un lado y de otro les hace fuertes aquí, en Europa, donde les hemos dejado asentarse porque todas las opiniones, aunque hablen de cortarnos el cuello, eran igualmente respetables. Y así nos va. Me molesta particularmente ese ejército de niñatos bienpensantes que  se apiadan de los asesinos y hablan de diálogo con quien es sabido por todos que no desea hablar sino cortar cuantas más cabezas mejor. Eso sí, a todos estos si un borracho les mea en el portal les falta tiempo para llamar a las fuerzas represivas y desear que lo corran a porrazos de su propiedad.

Así es hoy la sociedad occidental, no nos engañemos. Una sociedad en declive y en peligro. Pero no en un peligro que venga desde fuera, sino el de nuestra propia descomposición.

Y yo si, yo lloro las víctimas de París y aplaudo las del ISIS.

CAMBIOS EN EL BLOG. Comenzamos nueva etapa.


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Empezar a escribir un blog es fácil. Generalmente, surge de algo que te toca, que te remueve las tripas o el alma. Hay quien escribe para darse a conocer, o para enseñar sus creaciones literarias o incluso por espíritu de revancha. Lo difícil es mantenerlo.

En mi caso, empecé a hacerlo porque, en continuo contacto profesional con quienes se dedican a la seguridad, sentía como en carne propia el desprecio de que eran objeto por parte de ciertos sectores de nuestra sociedad. Quiero creer todavía que esa falta de valor que se atribuye aún hoy a la tarea policial o de seguridad privada es debida al desconocimiento que pesa sobre ellas y ese es el motivo fundamental de que iniciara esta andadura.

En principio, mi idea era muy modesta, escribir un artículo cada semana sobre algún tema actual y, además, alguno más especializado sobre el mundo policial o sobre el de la seguridad privada. De ahí que incluyera la sección llamada Territorios, dos subblogs en los que encontrarse con esos dos mundos.

Tengo que decir y agradecer que algunos de mis artículos recorrieron el mundo y llegaron a tener miles y miles de visitas diarias, lo cual siempre me ha llenado de orgullo. Esto propició que mi nombre empezara a ser conocido en algunos ambientes y de esta manera, diría que por azar, recalé en el mundo televisivo donde desde hace ya un par de años, suelo opinar sobre asuntos siempre relacionados con la seguridad. Incluso tengo un espacio semanal fijo desde el que acerco nuestro mundo al gran público en un programa con buena audiencia.

He tenido oportunidad a través de los medios de comunicación de dar consejos para evitar el maltrato doméstico y de género, para que las personas mayores no sufran robos y otros incidentes y para que los jóvenes sepan conjurar algunos de los riesgos a los que, por su edad y circunstancias, están expuestos. Ha sido muy productivo, sin duda, eso de convertirse, como a mi me gusta decirlo, en un divulgador de la seguridad. Yo creo que hacía falta que alguien diera la cara por esta profesión y me ha tocado a mi, lo cual repito que me hace sentirme muy orgulloso.

Sin embargo, los compromisos a que esta creciente actividad me sujeta, el trabajo policial, con el que me gano la vida, y otras aventurillas que tengo en marcha (Proyecto Rodando Contra el Cáncer, nuevo libro, columna semanal en un diario digital…) han hecho que haya descuidado el blog y así no he vuelto a publicar nada en él desde agosto, cuando obtuve mi récord de visitas con casi 30.000. Por tanto, hay dos opciones: renovarse o morir. Y he optado por la renovación.

Cambiamos el blog. El sentido será el mismo pero la forma distinta. Para empezar, ya no estaré solo sino que se incorpora al mismo mi compañero Jose Luis Minteguia, experto en documentoscopia y colaborador habitual también de los programas de la cadena vasca ETB. Entre los dos, intentaremos hacer de él una herramienta dinámica que, sin perder el espíritu con el que nació, ofrezca novedades y pueda permitir a nuestros lectores hacer un seguimiento de nuestra presencia en los medios de comunicación. También admitiremos nuevos columnistas e ideas, abriendo este blog a cuantas personas deseen colaborar sujetas, claro está, al análisis de los editores para publicar aquello que sea adecuado y descartar lo que no. Esto tampoco es un tablón de anuncios.

Así pues, saludamos esta nueva etapa en la que esperamos poder seguir creciendo y, lo más importante, seguir dando a conocer a la sociedad el trabajo de aquellos que la protegen día a día.

SALOU EN BLANCO Y NEGRO

Salou (TarragonŽs) 11.08.2015.  -. Altercados entre la cominidad senegalesa a Salou y los Mossos d'Esquadre por la muerte de uno de ellos en una redada policial contra la top manta a Salou   Foto: Xavi Moliner El Periodico

Salou (TarragonŽa) 11.08.2015. -. Agresión de miembros de la comunidad senegalesa de Salou a vecinos por recriminar la colocación de barricadas.

Lo bueno que tiene no ser racista es que uno está convencido de que tiene legitimidad para decir que un negro es un cabrón cuando lo sea realmente. Lo malo que tiene querer ser siempre políticamente correcto es que estás obligado a decir que el negro es bueno aunque sea un cabrón. Y en cuanto a lo de ser racista …, es malo siempre porque demuestra ignorancia, poco mundo y porque te conviertes a ti mismo en un cabrón.

Dicho lo anterior, hablemos de Salou y el caso del africano muerto al caer desde un balcón. La teoría de que los Mossos de Escuadra, tal y como está el patio, hayan subido a un piso donde se distribuye material falsificado y se hayan entretenido, además de en hacer el registro, en arrojar a un señor por la ventana porque era negro y pobre, qué quieren, se me antoja poco fiable. Habrá que investigar, no obstante, los hechos y de ello se encargarán los que se tienen que encargar, el juzgado y la fiscalía. Y ya veremos el resultado.

He oído estos días al hermano de la víctima y a grupos de personas senegalesas gritando a cada periodista que se encontraban lo malvada y asesina que es la policía de este país, sin acordarse de que vinieron aquí huyendo de otra peor. A otros, más cívicos e inteligentes, les he escuchado pedir una solución porque necesitan ganarse la vida. Tengo que confesar que esto último me gusta más y lo veo razonable, la verdad. También he visto varios videos en los que unos negros apedrean furgones policiales, agreden a un jubilado por pedirles que no crucen contenedores en la vía del tren y hostigan con enorme violencia a la policía, sabedores de que aquí las armas letales no se utilizan aunque una jauría de cincuenta sujetos te rodeen y te den una paliza que pueda costarte la vida, y conocedores sin duda de que incluso la utilización de las defensas que no son letales también genera enormes dudas jurídicas entre quienes no reciben las hostias, a saber políticos guachipendis y jueces molongos y estrellonas.

Lo bueno que tiene no ser racista es que puedes pedir en un blog que a determinada gente se la expulse de nuestro país hacia el suyo de origen por no cumplir la ley, por generar violencia gratuita en la calle y por pasarse por el forro de sus cojones la legalidad vigente y la democracia que tanto nos ha costado conseguir. Sean negros o sean blancos. ¿En razón de qué tenemos que extender el derecho de asilo a quien compromete nuestra seguridad ciudadana si, además, se halla en situación irregular? No digo nada ya en el caso de los que, como los islamistas radicales, pretenden subvertir el ordenamiento para implantar la sharia. Aquí aprobamos leyes para nada.

Tenemos una Ley de Extranjería y tenemos un Código Penal. También tenemos videos donde sale el careto de los violentos y agresores, ¿a que si? Pues fíjense qué fácil es la cosa: se les identifica, se les detiene, se les juzga por sus delitos y, una vez pagados, se les expulsa en virtud de dicha Ley de Extranjería por haber incurrido en uno de los supuestos de expulsión recogidos en ella. Esto es aplicar la ley y garantizar los derechos de todos, repito, de todos. Por ejemplo, el derecho de las marcas comerciales a no ser falsificadas, el de un jubilado a no ser apaleado, el de cualquier persona a la presunción de inocencia, incluidos negros y policías… Claro que otra solución es la de citar en la Delegación del Gobierno a los cabecillas, que suelen erigirse en tales los más violentos, pedirles perdón por la actuación policial, decirles que desde ahora la policía tiene orden estricta de hacer la vista gorda y que otra vez procuren que no les graben cuando apaleen al jubilado.

Yo no se lo que va a pasar, pero me lo imagino y, como me lo imagino, igual es hora de que los ciudadanos de a pie empecemos a dejar de comprar mercancía falsificada que, al fin y al cabo, no deja de ser una actividad sustentada por clanes mafiosos y, desde luego, no me parece que sea la solución para la integración del colectivo africano en nuestro país.

Lo bueno que tiene tener un blog y no ser racista es que escribes lo que te sale de los cojones. Queridos lectores, he vuelto.

Accidente aéreo de Germanwings, una película diferente.

¿Son evitables las catástrofes aéreas?

¿Son evitables las catástrofes aéreas?

Martes, 24 de marzo. Un Airbus A32o de la compañía Germanwings vuela en la ruta desde Barcelona a Düsseldorf. El avión, ha despegado a las 10.00 horas y durante la primera media hora, todo parece normal. Sobre las 10.31, sin embargo, empieza a descender inexplicablemente. Nadie en el control de tierra se lo explica y se alarman seriamente cuando la tripulación deja de responder a los mensajes que le indican que corrija su rumbo. Dentro de la aeronave, el comandante, que ha salido un momento al baño dejando los mandos a su copiloto, se encuentra la puerta bloqueada al intentar acceder de nuevo a la cabina con su clave. Llama, vuelve a llamar, la golpea y, al percatarse de que algo no marcha y el avión está perdiendo altura, busca el hacha de la dotación e intenta derribarla pero el blindaje del acceso a la cabina, decretado como medida de seguridad tras el 11-S, hace imposible su apertura. Entonces, activa el interfono exterior y suena una palabra por megafonía, es una clave. Con toda calma, un pasajero que hasta entonces ha pasado inadvertido, se levanta y se dirige a un lugar determinado del aparato cercano a la cabina. Marca un número secreto, y se abre un pequeño compartimento del que extrae una pistola Taser, cuyas descargas eléctricas son capaces de paralizar a un buey, la arma y se dirige a la puerta de acceso. En el panel, teclea un segundo código que sólo él conoce y se desactivan todos los bloqueos. La puerta se abre. El pasajero penetra en el habitáculo, y llama al copiloto. Este no le responde. Con la mirada fija en la pared de roca que tiene cada vez más cerca y aferrado a los mandos, su voluntad parece clara, va a estrellar el avión contra la montaña. Entonces, el pasajero dispara y dos pequeños aguijones se clavan en la piel del hombre, la descarga de miles de voltios hace que caiga inmediatamente. El comandante entra por fin en la cabina y toma los mandos estabilizando el avión mientras el hombre esposa y controla al copiloto suicida. Se han salvado más de ciento cincuenta vidas.

Esta es la idea que un ex escolta me ha avanzado esta mañana casi sin pensar y que yo me he limitado a matizar un poco en torno a lo que podría ser el protocolo de seguridad descrito. Tras la tragedia, todas las compañías hablan de poner otro tripulante en cabina, de que siempre haya dos al menos. Yo les avanzo la idea de que vuele un especialista en protección de personas de forma anónima entre los pasajeros. Formado en primeros auxilios avanzados, portador de claves solo accesibles a él que puedan facilitar accesos a compartimentos y sistemas del avión en un momento crítico. Un pasajero desconocido hasta para la tripulación, un ángel de la guarda que pueda enfrentar una situación como la vivida por el vuelo de Germanwings o, incluso, un ataque terrorista.

El mero hecho de que en una mañana alguien haya concebido semejante idea que, lógicamente, está por pulir hasta hacerla efectiva y aplicable, ya me indica la clase de profesionales que estamos desaprovechando en este país. Más de tres mil. Acaso no nos hemos dado cuenta de que la diversidad de peligros que nos acechan es cada día más amplia y tampoco han reparado las autoridades en que tienen soluciones en su mano. ¿Cuál es el coste de que viaje un especialista en situaciones críticas en un vuelo convencional? Ínfimo, si el premio es que el avión no se estampe contra una pared de roca. Piénsenlo.

Y, pese a ser posible aplicar medidas preventivas, sé que nadie hará caso de este post, que incluso habrá quien me tache de ignorante. Hablarán políticos, pilotos, sindicalistas, responsables de compañías, de esto y de lo otro, individuos que nunca se han visto en la situación de tener que enfrentarse a otro hombre y, con la seguridad que les da su estatus profesional, se negarán a ver lo evidente. Hablarán también los cenizos para decir que, ante cosas así, nada se puede hacer. Y los bienpensantes contrarios a las armas, a la policía y a la seguridad, para decir que lo que tenemos que hacer es educar en los colegios a los niños para que de mayores no lo vuelvan a hacer.

Pero yo, desde aquí, seguiré pensando que algo se pudo hacer, que todavía se pueden hacer cosas para evitar nuevas catástrofes. Esa es la razón por la que sigo escribiendo sobre seguridad.

PREMIO PARA “UNA PISTOLA Y VEINTICINCO BALAS”.

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Después de casi un mes sin dignarme a escribir una entrada en este blog, creo que ya viene siendo hora de hacerlo. Primero para disculparme con lo de siempre, la manida excusa del trabajo, y segundo para agradecer el aluvión de felicitaciones que he recibido estos días con motivo de la designación de mi libro, UNA PISTOLA Y VEINTICINCO BALAS, como finalista y después como vencedor en la categoría de Mejor Libro de Investigación 2015, de la editorial Círculo Rojo.

Me gusta recordar que las peripecias que cuento en él sobre la labor de los escoltas privados, no hubieran sido premiadas, ni siquiera conocidas, si ellos no me las hubieran relatado. Y también, que mi deseo al hacerlo ha sido siempre el que su trabajo no cayera en el olvido porque creo que se lo debemos.

La gala de los premios Círculo Rojo se celebró el viernes 13 de marzo en el Auditorio de El Ejido, con mucha pompa y etiqueta, mucho traje largo, televisivos de por allá y políticos varios, un poco lo de siempre pero que a mi, que nunca he merecido ser premiado por nada, me hizo sentir importante. No es moco de pavo que te den un premio literario.

Por relatar un poco lo que fue, diré que salí en viaje relámpago para Almería el día anterior en mi coche, como los escritores pobres, que son casi todos, y tras diez horas de viaje llegué al hotel que nos había designado la organización. Al día siguiente, incrédulo de que pudiera ser premiado, mientras (según supe luego) el resto de nominados se devanaba los sesos escribiendo discursos de agradecimiento, yo me fui hasta Almería capital, me tomé unos cuantos vinos blancos bien fríos con sus correspondientes tapas de pescaíto frito y luego recalé en el Catamarán, en el club marítimo, que ya conocía de alguna otra incursión gastronómica. Allí me aticé una ensalada de ahumados y un bacalao cconfitado al ajo blanco bien regado con más vino blanco fresquito y luego me fui a dormir la siesta, como debe ser.

Llegada la hora de la gala, aparecieron los chicos de la asociación de escoltas Las Sombras Olvidadas, que venían desde Córdoba para darme apoyo, nos hicimos glamurosas fotos todos juntos y entramos al salón de actos. El acto estuvo bien, muy al estilo de los Goya pero en libro, que siempre es menos comentado. Empezaron a repartirse los premios, poesía, novela, literatura infantil… y, por fin, tocó el turno al apartado de mejor libro de investigación, que era el mío. Se proyectaron en pantalla los trailers de las tres obras concursantes y luego dijeron aquello de: “Y el ganador es … César Charro, por Una Pistola y Veinticinco Balas”. Qué emocionante, la verdad. Jamás creí vérmelas en una de esas. Pero lo mejor, lo mejor de lo mejor, llegó luego y aún no he conseguido digerirlo del todo. Bajo la luz de los focos, quise que los escoltas que me acompañaban subieran conmigo a recoger el premio, se lo merecían, así que les levanté de sus asientos y recorrimos el pasillo entre los aplausos del público hasta el escenario. Me dio el premio un actor que hacía de Povedilla en la serie Los Hombres de Paco y, flanqueado por mis camaradas uno a cada lado como buenos escoltas, me acerqué al micrófono para decir unas palabras que ahora me arrepentía de no haber preparado. Y aquí viene lo bueno. Fue dedicar el premio a los escoltas privados por su labor en la protección de los amenazados y ver a casi novecientas personas aplaudir espontáneamente, interrumpiendo mis palabras. Me quedé helado. Fue la mayor ovación de la noche, la más prolongada y la más cálida. Después quise dedicárselo a las víctimas del terrorismo y a todos los que han sufrido sus consecuencias. Volvieron los aplausos y nos retiramos entre ellos porque habíamos excedido nuestro tiempo y aquello no paraba.

Cuando todo acabó, ya en la salida, muchas personas se acercaban a nosotros para felicitarnos y dar ánimo a los escoltas en su difícil situación actual. Confieso que a algunos no pude ni responderles porque se me trababa la voz. Incluso nos pararon varias veces por la calle, algo increíble. Consciente de que todo ese agradecimiento era para ellos más que para mi, a la llegada al cóctel que había organizado la editorial, me concentré en los pinchos dejando a los chicos de Las Sombras Olvidadas que, por un puñetero día, recogieran muestras de reconocimiento a su labor de tantos años. A fin de cuentas, ya se lo dije, el mérito de esta historia es suyo, a los demás nos corresponde que no caiga en el olvido.