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Dispositivo policial para el partido Athletic-Spartak de Moscú. Lo que no te han contado.

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Aficionado que, sin hacer nada, tiene muchas posibilidades de ser agredido por la Ertzaintza

El próximo jueves 22 de febrero se juega el partido de vuelta entre el Athletic de Bilbao y el Spartak de Moscú. Por ahora parece que los bilbaínos llevan ventaja, pues de allá de tierras rusas se vinieron con una suculenta ventaja, 3-1 si no me fallan mis fuentes ya que en esto del fútbol soy prácticamente analfabeto.

A propósito de ello, he recibido la invitación de un medio de comunicación para comentar el dispositivo policial que se preve y sus repercusiones en la seguridad de la ciudad, habida cuenta de los incidentes que la hinchada rusa suele provocar por donde pasa. Aplicado a mis deberes, como siempre en estas cosas, he tirado de contactos, en lo público y en lo privado y mi sorpresa ha sido mayúscula. Un dispositivo mínimo, que mis fuentes cifran en unos 200 o 300 agentes de la Brigada Móvil, más las patrullas de Seguridad Ciudadana, serán incapaces de “embolsar” durante todo el trayecto hacia el campo de San Mamés a los más de mil aficionados rusos que se esperan. Los agentes, en petit comité, ya dan por supuesta la alteración grave del orden público y calculan que su intervención se ceñirá a tapar agujeros solo donde sea previsible que se produzcan peleas (lugares que están anotados ya y que no desvelaré para no entorpecer su labor) y en los aledaños de La Catedral. Mas de dos mil aficionados, ultras muchos de ellos, violentos la mayoría y entrenados en la violencia callejera y de ring, vienen a Bilbao a darlo todo, lo que en el argot suele significar apalear a tres o cuatro hosteleros, dar un palizón a algún aficionado despistado que con la camiseta equivocada se cruce en su camino, y mandar a la Mutua de Previsión a doce o catorce policías. Eso, más destrozos por toda la villa en el mobiliario urbano, los negocios, etc. que no paga el Gobierno Vasco ni el Ayuntamiento, ni la Iglesia, sino usted y yo.

Pero, siendo esto grave, el problema de fondo es lo que me preocupa. Los “brigadistas vascos” con los que he hablado me dicen, textualmente, que no piensan hacer nada salvo defenderse si son agredidos, que pasará exactamente lo mismo que cuando se reunió el FMI en Bilbao, es decir, que la ciudad fue tomada por saqueadores y delincuentes con total impunidad. Y no harán nada, salvo lo estrictamente necesario, porque no quieren jugarse el puesto de trabajo. El físico ya saben que se lo juegan de oficio.

Hartos están de ver cómo la Unidad carece en la actualidad de todo amparo por parte de sus responsables políticos ante las últimas y numerosas condenas a sus agentes; hartos porque, desde el caso Cabacas, de infausto recuerdo, su material antidisturbios, el famoso lanzador de pelotas de goma espuma, parece comprado en una tómbola o en el chino de la esquina; hartos por estar doce horas a cuestas con un equipamiento que pesa 25 kilos para que les den de comer un bocadillo en una furgoneta; hartos porque el Departamento prefiere equiparles con material de protección para que les duelan menos las hostias, que con elementos que disuadan a los que les atizan y que sirvan para hacerles frente con la proporcional contundencia que se espera en un policía. Así están las cosas y así se las cuento yo porque seguramente no van a tener oportunidad de leerlas en ningún periódico. Cierto es que tampoco los plumillas tienen acceso a la misma información que un servidor, dicho sea con toda modestia.

La otrora respetada Brigada Móvil ha sido desmantelada prácticamente, si no de nombre, sí de espíritu. Cuando yo fui a la academia a aprender a dirigir el tráfico y a bajar gatos de los árboles, mirábamos a aquellos tipos como a héroes y les pedíamos permiso en el comedor para sentarnos a su mesa, había un respeto. Hoy se les cachondea cualquier niñato, les gobiernan jefes sin experiencia, alguno de ellos con currículo poco edificante, como el que fue detenido en Getxo por dar positivo en un control de alcoholemia, y sus duros entrenamientos de antaño se nutren ahora de charlas de Derecho, coaching y buenrrollismo.

El jueves vienen los del Spartak, dos mil tipos duros cuyo coeficiente intelectual desafía por lo bajo al del mismísimo Abundio, pero a los que la impunidad que otorga el negocio del fútbol les da alas para cometer todo tipo de tropelías en nuestra ciudad. Frente a ellos, trescientos de nuestros chicos, los 300. Yo espero que les vaya bien, que se defiendan y nos defiendan a todos con contundencia y que vayan los menos al hospital, porque yo y ellos sabemos que alguno irá. Cuando todo pase, pajarracos de negras togas, jefes de opereta y políticos rápidos de palabra y lentos de ética, les esperan para vengar en ellos sus miserias.

 

Bilbao y la alarma social.

IMG_0535Los aún recientes sucesos de Bilbao en los que se han visto envueltos jóvenes que no solo no llegan a la mayoría de edad, sino que ni siquiera han dejado atrás la condición de niños, han destapado una realidad oculta que debemos considerar objeto de estudio.

Terminada la actividad de ETA, la ciudad se ha vuelto más luminosa y, al rebufo del efecto tractor del Guggenheim, la gastronomía sibarítica, la hermosa costa y el carácter amable de los de aquí, el turismo llega, los dineros también y, de paso, los grandes eventos .

Andar ahora por la ribera de la ría ya es hacerlo por un paseo marítimo y no por una cloaca, alternar por el Casco Viejo ya no es ingresar en territorio comanche y hasta beber txakolí ha dejado de ser lanzar ácido al estómago para convertirse en degustación de un caldo que nos recuerda a los exquisitos blancos que se elaboran en la cuenca del Rhin.

Pero, como a veces pasa en las familias pudientes, para tener todo eso y lucir nuestras mejores galas, escondimos la porquería bajo la alfombra sin pensar en que un día podría asomar por algún resquicio y hacer visibles nuestras miserias.

Bolsas de marginalidad en la periferia, gitanos, magrebíes, latinos y personal de ocho apellidos vascos, desahuciados todos de vidas normalizadas, malviven juntos, la miseria es lo que tiene, en barrios donde los servicios sociales o no llegan o lo hacen mal. Los centros de menores son lugares donde no existe atisbo, no ya de disciplina, sino del mínimo control necesario para garantizar la seguridad y la educación de los muchachos que allí viven como lo demuestra el hecho de que el que quiere se fuga, el que se mosquea lo quema y el que ya se enfada más de la cuenta, le mete un palizón a los trabajadores. A los padres que desasisten a sus hijos, al punto de permitir que con trece años estén a las cuatro de la mañana en la calle drogándose y robando o buscando pelea, nadie les castiga. Y la droga, maría, chocolate, cristal, farlopa y caballo corren por las venas de esta ciudad esplendorosa atrapando, como siempre lo hace la puta droga, a los más débiles.

– ¿Cómo es posible que un crío sea capaz de acuchillar a un anciano hasta la muerte?, me pregunta el periodista.

Pues por la misma razón que en África son reclutados para la guerra, en Sudamérica para el sicariato o en Asia para la prostitución, porque sus vidas son un libro en blanco y somos los mayores quienes escribimos en ellas, o con valores o con estiércol.

El Alcalde ha prometido trabajar para devolver la tranquilidad a la villa y yo le creo. Creo en su compromiso y en su trabajo. Pero para ello ha de tener en cuenta que esto no es un problema político, sino una enfermedad social. Aquí no se juega Aburto los votos, sino el futuro de generaciones de chavales y la tranquilidad de los mayores. Se juega la convivencia.

Educadores, padres, jueces, fiscales, profesores, policías, trabajadores sociales, asociaciones vecinales, líderes religiosos locales… A todos hay que convocar y con todos se debe hablar. Y no solo hablar, sino ponerles el buzo y hacerles trabajar en serio y sin descanso. Las mesas de seguridad no pueden contar solo con policías y políticos. Faltan criminólogos, profesores de universidad, perfiles que sean capaz de diagnosticar y aportar soluciones serias, creíbles y posibles. En el último pleno, un concejal dijo que había que poner una bombilla en cada esquina oscura, porque así la gente tendría más sensación de seguridad. Poco sabe este buen hombre de seguridad, así que deje que hablen los apuntados más arriba. Y hágales caso.

Este año vienen los saltos de la Red Bull, los premios de la MTV y las finales europeas de rugby. Hagan que llegue también la inserción social, la escolarización obligatoria pero de verdad, la rehabilitación real de los menores delincuentes y, por supuesto, el castigo de sus actos criminales cuando los cometan. Ahora tenemos un aspecto impecable de puertas para afuera pero, por dentro, un tumor ha empezado a corroernos las entrañas.

Debate: ¿Deben permanecer las Fuerzas de Seguridad del Estado en Euskadi?

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En la noche de ayer, día 10 de febrero, tuve el honor de ser invitado al programa de debate político de la cadena vasca ETB2, La Noche en Jake, conducido por Arantza Ruiz. Para quienes no lo hayan visto, el formato es el siguiente: un grupo de periodistas y comunicadores de diferentes sensibilidades debaten entre sí los temas de actualidad con la incorporación de algún invitado especializado al que luego formulan preguntas, objeciones o réplicas. Aunque solo fuera por hacer honor al título de Especialista en Seguridad que me adjudican, me había preparado previamente hablando con guardias y ertzainas, algunos de ellos con mando en plaza.

Me sentí como en casa, vaya por delante. Me sentí como en casa porque hablaba de lo mío y porque tenía ganas de largar. El asunto de esta parte del programa venía motivado por las declaraciones del Delegado del Gobierno en el País Vasco, Sr. De Andrés, solicitando la ampliación del número de guardias civiles presentes en Euskadi, contestadas a su vez por el Gobierno Vasco de una forma bastante airada.

No es una pregunta, son dos al menos: La primera, ¿es necesario ampliar el número de agentes de ese cuerpo en Euskadi?, la segunda, ¿tienen que estar las Fuerzas de Seguridad del Estado presentes en Euskadi? Intentaré explicar de modo sencillo las tesis que mantuve frente a la audiencia.

Primeramente, la seguridad es un derecho fundamental del ciudadano y corresponde a los gobiernos decidir cómo quieren organizar sus recursos para prestarla y que los ciudadanos podamos vivir en un entorno seguro, lo cual es muy importante. No es, a mi modo de ver, un problema de número, ni siquiera de si deben estar unos u otros, no. Es un problema político y de organización, es una cuestión de capacidad o no de los gestores de lo público porque lo que quiere la gente, independientemente de que le guste más un color u otro del uniforme, es poder caminar tranquilo por las calles de su pueblo. En un entorno sin ETA, las consideraciones ideológicas van cediendo cada vez más a favor de lo anterior.

Son los políticos quienes no se ponen de acuerdo. Los del Estado bloquean las promociones de la Policía Autonómica Vasca, que está en cuadro y lo saben, con una plantilla escasa, envejecida y desmotivada a fuerza de politiqueos y recortes. Por su parte, el Gobierno Vasco, maneja el habitual discurso del Alde Hemendik (Fuera de Aquí), si bien que moderado por la presencia en Madrid de sus diputados y senadores, habitualmente en sintonía con el gobierno que toque. Esta es la situación, ahora pongámosle el cascabel al gato.

Si las Fuerzas de Seguridad estatales se fueran, el Gobierno Vasco debería asumir cosas que ahora no hace, por no ser de su competencia o por miedo. Sí, han leído bien, por miedo. Operaciones contra el robo de cableado de cobre, por poner un ejemplo, se las hemos visto realizar casi en exclusiva en Euskadi a la Guardia Civil. La Ertzaintza es competente en ese tema, ¿dónde están los resultados? ¿cuántas operaciones se han montado, cuántas tramas se han desarticulado? Expedición de permisos de armas, explosivos, combate contra el yihadismo, tráfico internacional de drogas, entrada de polizones, contrabando… hoy día pertenecen al ámbito competencial del Estado. Naturalmente que podría asumirlas la Ertzaintza y con el apoyo estatal cuando trasciendan nuestras fronteras, llevarlas a término. Solo es una cuestión de talla política, nada más. Ponerse de acuerdo.

Claro que entonces, en lugar de los 8.000 agentes autonómicos que se reclaman, debería haber por lo menos 13.000, si no me falla la cuenta. Tendrían que disponerse nuevos cuerpos especiales de intervención por tierra, mar y aire, formación adecuada para todos ellos y ¡oh, dios mío! armamento del que ahora se recela como de la peste. Y realizar controles de carreteras para localizar drogas, vehículos robados, delincuentes buscados internacionalmente…, muchas cosas que ahora no se hacen. Hablamos mucho, pero los controles autonómicos en las carreteras solo son de tráfico.

Es un hecho que la Ertzaintza no solo no ha asumido su integralidad como policía, sino que ha retrocedido desde su creación, desdibujando ese perfil y para ello no hay más que ver situaciones como las de los disturbios de Bilbao hace unos años, en las que los radicales antisistema se dedicaron a destrozar la ciudad ante la ordenada pasividad policial. Estaba reciente el caso Cabacas y prefirieron pagar los millonarios destrozos a la eventualidad de padecer otro accidente similar que pusiera sus sillones a tres patas.

Euskadi duplica y aún triplica el ratio de policías por habitante de Europa. Esas cifras no se justifican en el número de delitos, se lo dije a los contertulios, sino en la incapacidad gestora de unos políticos que con el doble de personal que en otros países no llegan a los resultados que objetivamente serían de esperar. En una empresa privada habrían sido despedidos hace tiempo, los estatales y los autonómicos, pero aquí pagamos todos y lo que importa es colocar a los colegas de partido aunque sean analfabetos en la materia.

La conclusión de todo esto, lo que intenté transmitir en La Noche en Jake, es que los ciudadanos no nos merecemos esto, los policías tampoco. El Estado quiere mantener su presencia policial para reafirmar que esto es España y va a seguir siéndolo. Por su parte, y aquí es donde los nacionalistas se me van a echar encima, al Gobierno Vasco le viene muy bien que la Guardia Civil le haga el trabajo sucio, ese que requiere una imagen menos amable que la de la pareja de ertzainas mayorcitos haciendo korrikas y hablando con los viejecitos del parque, una estampa tan idílica como irreal que se han esforzado en mostrar desde que se marchó el consejero Atutxa, que eso sí que fue un consejero. No estoy seguro de que ese Alde Hemendik no se diga con la boca pequeña porque tiene el beneficio añadido de que si algún día pasa algo la culpa será, como siempre, de Madrid.

En la calle, que se sepa, no hay ningún problema entre guardias, nacionales, ertzainas y municipales y hasta toman café juntos donde se lo sirven porque entre profesionales las cosas se tienen claras. Los problemas son en otro lado y esto es lo preocupante, que cuando pase algo, algo gordo y malo de verdad, cacarearán otra temporada para seguir dejando todo igual. Eternamente igual.

Una mención para Onintza Enbeita, persona de gran preparación intelectual, periodista y política abertzale. Ella comentó a mi intervención que lo que prefería era no tener miedo a andar por la calle antes que ser protegida por policías, que abogaba por la educación para que la gente no delinquiera y que no le gustaban las armas en general. Querida amiga, suscribo todo lo que dices al ciento por cien, pero mientras educamos a los violadores, pederastas, ladrones, terroristas y asesinos de mujeres, hombres y niños para que no lo vuelvan a hacer, propón una solución interina porque la tarea la auguro difícil.

Ver el programa

SOBRE CÓMO HA DE LLEVAR SU ARMA UN POLICÍA.

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Aviso de antemano que este es un artículo técnico sobre armas y su uso. Por tanto, absténganse aquellos que no gusten o no sean profesionales del tema. Si, por el contrario, usted no tiene relación con el mundo de la seguridad pero desea aprender algo para luego poder juzgar con mejor criterio las actuaciones policiales, le invito amablemente a que se quede e invierta un rato en su lectura.

Tras el atentado en Berlín utilizando por segunda vez un camión contra la multitud que paseaba por un mercadillo navideño, nos desayunábamos ayer con la muerte del terrorista a manos de dos agentes en prácticas de la policía italiana en Milán.

Poco después, alguien me envió la fotografía que ven arriba de dos agentes alemanas realizando una vigilancia, subfusil en ristre, en la que quizá a los ojos de los profanos pasara desapercibida, no para mi, por supuesto, ni supongo que para un terrorista mínimamente entrenado, el hecho de que ambas llevaban las armas desprovistas del cargador, el cual supongo reposaría tranquilo en algún bolsillo de su chaleco antibalas. Algo parecido pasa aquí. La recomendación en muchas academias, cuerpos policiales e incluso empresas de seguridad privada de que los agentes lleven sus armas descargadas, sin cartucho en la recámara o, en el caso de las armas largas, sin el cargador, ha sido vista en demasiadas ocasiones por los responsables de estos cuerpos como una medida de seguridad. Yo más bien pienso al contrario, que no es sino síntoma de inseguridad en los mandos y falta de confianza en el profesional que las empuña.

Si ustedes se fijan, todos los enfrentamientos son sorpresivos. En todos los casos los terroristas desenfundan primero. Ellos saben lo que van a hacer, lo han planificado cuidadosamente y eligen el momento idóneo. A sus adversarios, las fuerzas del orden que defienden a esas multitudes atacadas, no les queda otra que ser previsores, estar atentos e intentar ser más rápidos, más profesionales y más mortíferos cuando el combate se hace inevitable. Sólo así podrán defender sus vidas y las de terceros.

Los dos chavales de la policía italiana que se hallaban en una patrulla ordinaria por el aeropuerto de Milán, jamás hubieran pensado tener un servicio como el que tuvieron. No han empezado apenas a ejercer su profesión y uno ya ha recibido un balazo y el otro ha quitado una vida. Y por ambas cosas han de sentirse orgullosos, por fuerte que suene el celebrar la muerte de un ser humano. Lo hicieron bien, lo hicieron rápido y así evitaron muchas más muertes. El que disparó, no podría haberlo hecho igual de bien ni con tanta eficacia si no hubiera tenido su arma preparada, es decir, alimentada y cargada lo que traducido, significa con su cargador puesto y con un cartucho en la recámara solo pendiente de que su propietario apriete el gatillo para volar en busca de su objetivo. Así se llevan las armas cuando se portan no para usos lúdicos o deportivos, sino para defender vidas. No debería haber discusiones al respecto. Un policía con un arma sin cargador, es una estampa ridícula, ineficaz y peligrosa pues carece de toda capacidad de reacción que no sea atizarle al agresor con ella en la cabeza.

De todo esto, sin querer ponerme medallas, hablaba yo hace más de diez años a los escoltas privados de cuya formación era responsable. Les explicaba estas cosas y les hacía demostraciones que, día tras día, eran desautorizadas por policías a los que en sus academias enseñaban lo contrario, el arma sin montar y con todos los seguros puestos, no sea que. Hoy, la propia Ertzaintza ha realizado estudios que demuestran que el policía que lleva su arma lista para hacer fuego, garantiza mayores niveles de eficacia en la respuesta armada y, pásmense, mayor seguridad a los ciudadanos presentes en la escena ya que es más capaz de controlar su respuesta al eliminar manipulaciones intermedias entre el desenfunde y la apertura de fuego. He de decir que lo que yo decía no me lo había inventado, si bien prefiero no desvelar aquí cómo, con quiénes y en qué lugares adquirí tales conocimientos.

No estamos hoy para tonterías, para buenismos ni chorradas de bienpensantes trasnochados. Estamos con el buzo de faena puesto. Alerta terrorista 4 sobre 5. Es Navidad, la gente abarrota las zonas comerciales de nuestras calles. Ahí está tu hijo, tu madre, tu familia entera, están tus vecinos y gente que no conoces pero a la que te comprometiste a defender a cambio de un salario y un futuro para ti y los tuyos. En otro lugar, quizá lejos, un fanático sueña con reconquistar Al Andalus y aplicar la sharia en su territorio, fantasea con poner hiyabs a todas las mujeres y matar a todos los infieles a su estúpido y fanático credo. Tal vez, ojalá no, alguno ya haya atravesado el Estrecho sin ser detectado. Tal vez, ojalá no, algún joven nacido aquí de padres magrebíes haya caído en las redes de quienes se dedican a corromper las almas con monsergas medievales. Compañeros, vista aguzada, oído alerta y arma preparada. En eso está el ser un profesional, lo demás se lo dejo a los políticos. Nosotros a lo nuestro y Feliz Navidad. Hoy ceno en la Jefatura.

 

 

Incidentes en Gaza, digo en la Universidad del País Vasco.

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Esta semana ha tocado sentir pena. Y vergüenza, mucha vergüenza. Pena de ver la Universidad del País Vasco convertida en la franja de Gaza, lástima de sentir que allí, en lugar del conocimiento y el raciocinio, se asientan la sinrazón y la violencia. Émulos joseantonianos sin saberlo, discípulos del “muera la inteligencia” de Millán Astray, fascistas de medio pelo vestidos con las ropas negras de Mussolini, son los que han protagonizado los incidentes en lo que debe ser recinto sagrado del saber de nuestra tierra y es, hoy por hoy, escaparate de toda la mierda que, en lugar de cerebro, tienen algunos dentro de la cabeza.

Vergüenza de ver policías escasos en un escaso dispositivo escasamente organizado. ¿Qué fue de la Brigada Móvil, de sus técnicas y tácticas, de su entrenamiento? He visto policías alborotados tropezando entre ellos para caer al suelo y ser pateados, he visto compañeros con más huevos que cabeza meterse porra en ristre entre docenas de alborotadores persiguiendo a los agresores. Sin apoyo, sin esperar refuerzo, como si fueran talibanes dispuestos a la inmolación. Esto no es lo que yo conocí cuando hace casi veinticinco años fui a la academia de Arkaute, donde los veías entrenar a diario, formados, disciplinados, en envidiable forma física. No, no lo es.

Usted, señora Estefanía Beltrán de Heredia, tiene que irse del cargo que ocupa como Consejera de Interior y máxima responsable de la Ertzaintza y de nuestra seguridad ciudadana, arrastrando en su caída a todo ese equipo de impresentables que le bailan el agua. Se tiene que ir por varios motivos: porque usted proviene del mundo rural, es ingeniera técnico-agrícola, y no tiene la más remota idea de seguridad, aunque sí mucha de escurrir el bulto. Usted se tiene que marchar porque ha conseguido que toda la policía vasca, incluidos los que entraron por enchufe (si, si, acuérdese, cuando los reclutaban en los batzokis), esté contra sus métodos que básicamente consisten en dotar a los policías antidisturbios de mucho equipo de protección para que las hostias les duelan menos, retirando el material antidisturbios para no tener que dar explicaciones en el Parlamento a los amigos de los violentos, ya que sabe que esas explicaciones los policías no se las piden, que para eso están los expedientes administrativos y la suspensión de empleo y sueldo. Así, es claro que usted prefiere que haya ertzainas heridos a que un delincuente sufra el más leve rasguño. Por eso envía pocos, porque le acojona tener otro caso Cabacas, claro que para eso no haberse presentado al cargo de Consejera de Interior.

Le voy a decir más sobre su incompetencia, señora. Váyase usted porque oculta a los ciudadanos la posibilidad de sufrir atentados yihadistas cuando estamos en alerta 4 sobre 5, diciéndoles que aquí, en el País Vasco, no es como en el resto de España, que tenemos “primi” vamos, lo cual no se basa en ningún dato cierto de los servicios de inteligencia. Márchese porque, hablando de yihadismo, usted ha dado el visto bueno a un protocolo en el que se dice que la primera patrulla uniformada que acuda a una masacre, de las que hemos visto ya unas cuantas, debe “realizar una búsqueda activa de los agresores y neutralizarlos”, ignorando que estos, para cuando lleguen los patrulleros cincuentones que ahora tenemos porque ustedes los políticos no se ponen de acuerdo en renovar plantilla, habrán matado con sus armas automáticas posiblemente a decenas de personas y no habrá modo de contenerlos con dos armas cortas, que es lo único que lleva un patrullero. Debería irse también porque ha reducido los horarios de los grupos de rescate, eliminando los turnos de noche porque, total, de noche no se muere nadie y si pasa, el ahorro de dinero lo sigue justificando. ¿Quiere que le diga más? Yo creo que no hace falta.

Márchese, se lo pido por favor, y que pongan ahí a alguien que sepa más que usted, por ejemplo yo, o por ejemplo el que lleva la cantina de Arkaute. Casi vale cualquiera ya. Vuelva usted a su saber, al campo con las vacas, a estudiar la cría del boniato en condiciones climatológicamente adversas o a cualquier cosa útil que tenga que ver con el agro vasco, que también hace mucha falta y se está perdiendo el talento en ese sector tan nuestro. Y conste que le digo todo esto no por resquemor, que no soy ertzaina ni la conozco a usted de nada pero ¿sabe?, tengo muchos amigos que lo son, buena gente todos ellos, con familia e ilusiones y no quiero que me los maten para verla a usted otra vez con cara de haba en su funeral echándole la culpa a otro mientras su viuda o viudo lloran en silencio al otro lado de la iglesia.

Porque quizá no la culpa, pero sí la responsabilidad, esa será suya y de nadie más. Y si somos presentados algún día, cosa que deseo fervientemente, me encargaré de recordárselo. Piénselo, hágame usted el favor.

VIDA DE PERROS

 

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Un buen amigo me llamaba ayer para comunicarme que durante la noche, dos energúmenos habían apaleado con una barra de hierro al vigilante de seguridad que los sorprendió tratando de forzar las máquinas de café del Hospital de Galdakao, en Bizkaia. Por ver si lo conocía y podía ir a visitarle o, al menos, transmitirle mi solidaridad y mi afecto, hice algunas indagaciones sin resultado y a día de hoy, aunque conozco su nombre, creo que no lo conozco a él. Pero da lo mismo, entre perros se hace manada y desde aquí le mando mi abrazo solidario, el verdadero, no ese que cuando te lo dan te levantan la cartera y que es el que administraciones, clientes y sociedad en general vienen dando a los vigilantes en estos casos. El mío, repito, considérelo sentido y auténtico porque al transcurrir de los años uno ha llegado a conocer lo que es estar en el suelo recibiendo como una estera sin saber como acabará la cosa.

En agosto, otro buen amigo me contó que una vigilante de la estación del ferrocarril, fue avisada de que bajo un puente de Bilbao, uno de tantos sobre la ría, había una mujer colgada, ahorcada para que me entiendan. Acudió allí y, viendo que aún conservaba un hálito de vida, le realizó las maniobras de reanimación que le han enseñado en los cursillos anuales de la empresa y la sacó adelante hasta que pudo ser atendida por los sanitarios de la ambulancia que acudió al lugar.

Ese mismo agosto, otro señor se quejaba en una carta al director de que los vigilantes de Metro Bilbao habían dejado a un menor indefenso al no informarle de cuándo era el último tren de la noche, ni darle posteriormente solución alguna para que no fuera caminando él solo por oscuras carreteras hasta su casa. Se sorprendía este hombre de que no lo hubieran machacado a palos al chaval ya que a esas horas los vigilantes tienen poco trabajo y el aburrimiento predispone, según él, a la tortura sistemática de niños. Consultadas mis fuentes en el mundillo, que son muchas, resultó que los vigilantes habían contactado con sus padres, habían dado al menor toda clase de información y facilidades, que este se negó a seguir,  y por fin el chaval fue recogido en la misma estación o aledaños por el progenitor avisado previamente. También descubrí que el de la carta al director es un señor que se dedica, a falta de mejores talentos, a escribir a todos los directores de medios para ver su nombre en letra impresa bajo diatribas dirigidas a políticos, policías, vigilantes y todo lo que represente, aunque sea de lejos, un atisbo de autoridad. Es un problema que tiene, al parecer. Por su parte, me contaron también que al padre del chaval le molestó mucho que los vigilantes no hubieran acercado al crío a casa en el coche de empresa, abandonando el servicio público si fuere preciso, para no tener él que ir a buscarlo. A esas horas ya se sabe.

Tres historias contadas rápido, dos han salido en prensa, una, la de la vigilante heroína que salvó una vida, no la conoce nadie. Así son las cosas. Mientras, en cualquier parte, hay un tipo con un cuchillo, con una barra de hierro, a lo mejor con un fusil, esperando a hacer lo que vino a hacer. Por el pasillo se acerca el vigilante, solo, para recibir el golpe mortal y evitar que le llegue a usted. Por lo menos, téngale un respeto. Creo que no es mucho pedir.