Archivo diario: octubre 24, 2018

El día de furia de la Ertzaintza.

66811_630655366951783_23769876_nUn testigo que llora es un mal testigo. Puede que emocione mucho al público, pero cualquier juez dirá que su objetividad en el testimonio está viéndose afectada por sus sentimientos. Un buen testigo, por contra, es el que narra fríamente los hechos que ha visto o conocido por cualquier otro medio que no sea el sentido de la vista.

En el juicio por el triste fallecimiento de Iñigo Cabacas, se vieron hace un par de días las emotivas declaraciones de los de la acusación particular, algunos de ellos entre lágrimas. A lo que parece, el ambiente en el callejón en el que se produjeron los hechos era de fiesta, con niños pequeños incluso, y la Ertzaintza llegó, se bajó y comenzó a disparar. “Parecía que nos estaban fusilando”, ha dicho uno; “disparaban a dar, a matar”, según otro. Incluso algunos de los que declararon en un primer momento que hubo una lluvia de objetos, botellas y vasos, contra las furgonetas de los ertzainas, ahora se desdicen para afirmar que “fue algo muy limitado”, una tormenta de verano como quien dice, de esas que llueve en una acera y en la otra no.

Visto así, parecería que aquel luctuoso día se convirtió en el día de la bestia, un día de furia en el cual todos los ertzainas allí presentes perdieron la cabeza, el tino y la humanidad para disparar contra todo aquello que veían, hombres, mujeres y niños y que, verdaderamente, la suerte quiso que solo fuera uno y no docenas, o cientos, los muertos.

Creer es una cosa muy libre, sobre todo creer sin pruebas. Unos creen en Dios y otros se cagan en él, unos creen que Armstrong dijo aquello del gran paso para la humanidad en la superficie de la Luna y otros que en un estudio expresamente diseñado en Hollywood para engañar a todo el mundo. Por eso yo no creo, al menos hasta que vea las pruebas, que esos testimonios sean objetivos, ni que los ertzainas llegaran aquel día a “fusilar” a los seguidores del Athletic, ni que dispararan a matar, ni que apuntaran a la cabeza de ese pobre chico. No lo creo porque durante mi vida, que ya empieza a ser larga, he conocido, literalmente, a miles de ertzainas, quizás a un par de miles, y no he encontrado jamás a ninguno en que se dieran las características para hacer conscientemente algo así. ¿Saben por qué? Porque para eso se necesita mucho odio. Eso lo hacían las SS, las huestes soviéticas de Stalin y las hordas de Boko Haram. Nadie más. Se necesita, como digo, odio, adoctrinamiento hasta la cosificación absoluta del otro y muchas cosas más que no existen en los países que se hallan en paz. No existen, sencillamente.

Sí creo en cambio que personajes que ya no encuentran acomodo ni influencia en la vida de la sociedad vasca, han cogido este juicio como maná caído del cielo para vengar en la Ertzaintza, cosas que ya todos sabemos. Quienes jaleaban o al menos no condenaban los asesinatos de ciudadanos a bombazos en nuestro pueblo, se erigen en defensores de la vida, simulando apoyar a unos padres que se agarrarían a un clavo ardiendo en su búsqueda de justicia. Esta es mi opinión.

Comprendo la negativa de esos padres a dar todo por zanjado como un simple accidente, que lo fue, porque cuando te matan a un hijo ni hay consuelo, ni perdón para los responsables. Pero deben saber que la muerte de su hijo ha sido instrumentalizada ya sin remedio. Hoy es Cabacas, antes fue Lemoiz, luego la autovía, el antimilitarismo… Causas que pueden ser nobles pero que en manos de alguna gente se llenan de ponzoña sencillamente porque no les interesa de ellas más que el daño que pueden hacer al enemigo ancestral, sea el Estado, el gobierno, la policía, el rival político… Pruebas, señores, pruebas es lo que necesitamos ver y no titulares sensacionalistas ni declaraciones cuyo sesgo denota su procedencia.

No diré que espero que los agentes sean absueltos, habrá sentencia. Sólo digo que el odio que en este país se ha sembrado durante tantos años hace que las cosas se vean en blanco y negro y no con colores ni matices, lo cual considero una gran desgracia porque nos convierte a todos en medio ciegos, no de ojos pero sí de alma. Y en fin, que mi pésame a los padres de Iñigo Cabacas y mi solidaridad a toda la Ertzaintza en estos durísimos momentos.

 

 

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