Archivo diario: octubre 16, 2018

¡Respeto!

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Una sociedad avanza y es madura y digna cuando sus símbolos son respetados. Los niños son el símbolo de nuestro futuro, por eso en los países en que sus cuerpos y sus almas son violentados, nadie querría que nacieran los suyos. Las agresiones a mujeres son, al contrario, el símbolo maldito de que una sociedad no es igualitaria, de que los derechos no se aplican más que a la mitad de sus integrantes y, por lo tanto, nada bueno cabe esperar de ella. Y así podríamos seguir enumerando muchos más: educación, sanidad, honradez política… pues donde todo eso marcha debidamente, la vida es mejor.

El símbolo de nuestra seguridad, la de nuestros hijos cuando salen por la calle solos, la de nuestros mayores cuando toman un ascensor en su portal y la de cualquier vecino en general, son los policías que patean las calles y los vigilantes que controlan los transportes, los espectáculos públicos y otros espacios donde, recordemos, ha habido atentados que se han llevado cientos de vidas. ¿Cómo, pues, hemos podido llegar a una situación en que cada vez que un agente interviene en un caso salen más defensores del intervenido que del interviniente? A un Guardia Civil lo han matado esta semana, a mi amigo Fernando le reventaron una mano por ponerla para que no le partieran la cabeza con una hebilla de hierro en el campo de fútbol de San Mamés, a otro compañero le abrieron este verano la cabeza en unas fiestas… y así. Todos ellos pretendían evitar delitos, agresiones a personas, robos, etc. y, siendo justos, cuando esto les pasó una buena parte de la sociedad salió a defenderlos en las redes sociales. El problema no está ahí, en la empatía cibernética, que es gratis y está muy bien pero no es suficiente. Lo que yo desearía, y que aunque aquí nos parezca mentira se da en muchos países que no son este, lo que yo desearía, digo, es que cuando estos profesionales estén actuando, el que mire se abstenga de todo comentario, que contemple la escena si quiere, pero callado. No se puede llegar, so pena de ser un memo, ante una intervención de seguridad y empezar a increpar a los profesionales como si estos no tuvieran otra cosa que hacer antes del bocadillo que identificar o detener a alguien que no ha hecho nada. La sociedad es diversa y esto hace que hoy se intervenga con blancos, negros, amarillos y de todos los colores. También entre los policías y vigilantes los hay.  Y el negro, amarillo o blanco nunca tienen razón o dejan de tenerla por el hecho de ser de un color. Sólo un tonto puede pensar hoy, tal como están las cosas, que un uniformado detiene a un negro porque le tapa la luz o porque el Ku Klux Klan ha extendido sus tentáculos a un país que, como el nuestro, importa una mierda a los de la capucha.

Al grito de abusones, maltratadores y fascistas, tuve que vérmelas no hace demasiado con un personaje en una intervención que pretendía impedir que cuatro jóvenes borrachos y  drogados se partieran la crisma a hostias. Afanados como estábamos en separar, sentar en el suelo y tranquilizar a los dopados menores de edad, no vimos llegar al defensor del pueblo, versión happy flower, hasta que lo tuvimos encima y nos pidió identificaciones, motivos, razones y explicaciones de cuanto allí pasaba, haciéndonos saber de paso que estábamos ante un ciudadano preocupado por la desproporción policial, amén de por los derechos de  los animales, la deforestación del planeta, el veganismo, la globalización y las mentiras de la Nasa sobre la llegada del hombre a la Luna.

Tras varios intentos de convencerlo mediante la palabra para que despejara la zona de intervención, hubo de relevarme un compañero en la tarea pues, agotados ya todos los recursos dialécticos de que dispongo, las ganas de darle un soplamocos me iban mermando la profesionalidad de forma harto alarmante. A este le relevó otro por lo mismo y al final hubo que llamar a una patrulla de refresco que, sin tanta palabrería, le extendió un acta sancionadora por infracción de la Ley de Seguridad Ciudadana al interferir gravemente en una actuación policial. ¿De verdad en esto consiste el ser ciudadano?

Pues les voy a decir, a mi modestísimo juicio, lo que es ser ciudadano en un país civilizado. Un ciudadano es el que, ante la duda, confía en la gente que le cuida y le protege. Un ciudadano es el que no solo no entorpece, sino que colabora como puede en la neutralización de las conductas  incívicas, porque nos perjudican a todos. Un ciudadano es el que admira a quien se juega la vida por los demás y le ofrece apoyo y consuelo en los malos momentos. Todo eso yo lo veo en países a los que viajo y me da envida, mucha envidia y espero que, a base de artículos, charlas y apariciones en los medios que me llamen, algún día pueda convencer a dos o tres personas de las bondades de este proceder frente al habitual que gastamos por aquí. ¿Se imaginan a un policía diciendo que le parece muy sano que partan la cara a un político? Pues eso lo ha dicho un político de la policía. Hasta ese extremo hemos llegado y yo creo que ya es hora de repensarse estas tonterías, que pueden quedar muy bien en un garito de punkies pero flaco favor hacer a la convivencia en paz y armonía que todos deseamos.

Y miren, no es que a mi me gusten todos los aspectos de la llamada Ley Mordaza pero cuando me dijeron que el tipo aquél se había ido con trescientos euros de multa me quedé como un señor, eso tengo que reconocerlo.

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