Muertes de ertzainas: Un año negro.

932417En lo que va de año, tres ertzainas han muerto y no por causas naturales. Uno en San Mamés, en febrero, cuyo corazón estalló después de llevar más de doce horas trabajando, unas cuantas de ellas en labores antidisturbios, acarreando más de veinte kilos de peso sostenidos con un bocadillo y un buche de agua. Otros dos, en Leioa y Trápaga, víctimas de conductores criminales, pues por tal hay que tener a quien tras causar la muerte de otro, cuadruplica, como en el caso de Leioa, la tasa de alcoholemia y da positivo en todas las drogas inventadas hasta la fecha. Más grave, si cabe, es el último caso, el del camionero rumano de 21 años que, tras saltarse un Stop matando al compañero en el acto, dio positivo también en el test de drogas. Todo un ejemplo de profesionalidad al volante.

De la penalidad de los delitos contra la seguridad del tráfico hay muchas quejas, pero como sólo son de las víctimas y sus familias, todo queda en saco roto, que en este país tenemos mucha costumbre de tachar a estas de resentidas y dejarlas en la estacada con cuatro palabras bonitas. El caso es que todos estos homicidas están en la calle, a la espera de juicio, eso sí, pero en la calle. Como los de la Manada. Como tantos y tantos que esperan tranquilos en casa la resolución final para ver si ingresan, o no, en prisión a cumplir castigos siempre leves por romper la vida de otros. Luego viene esa especie de atenuante que existe desde hace algún tiempo y que se llama de “dilaciones indebidas” en el juicio y que consiste en que, como en los juzgados los responsables no hacen su trabajo y el juicio se eterniza, al final hay que rebajar la pena al reo que, pobre, tiene que esperar mucho a ver qué pasa, con el consiguiente quebranto de su derecho a no sabemos qué. Y digo yo, ¿no sería más justo sancionar al juez o funcionario poco diligentes antes que acortar la pena del delincuente? ¿A ustedes les aplican ese criterio en un restaurante si tardan en servirles el primer plato y les hacen rebaja en el precio? A mi no.

A toda esta marabunta de despropósitos hay que añadir, aunque no haya costado muertos, lo del viernes en Vitoria, con el individuo que bajándose de una furgoneta frente a la comisaría, la emprende a golpes con tres ertzainas hiriendo a los tres, uno de ellos de relativa gravedad. Ignoro si a estas alturas sigue en los calabozos o ya ha sido trasladado al juzgado donde sin duda habrá dicho que no recuerda nada y posiblemente sea puesto también en libertad. De este caso, ya lo digo desde ahora, tengo una exclusiva, algo que generalmente no es fácil obtener y que les voy a mostrar a todos ustedes con sólo pinchar en el enlace de más abajo. Es el vídeo del porqué de la intervención policial que degeneró en las agresiones a los policías. Lo van a flipar, como se dice ahora. No explico más, prefiero que vean al angelito y la actuación que desencadena su persecución.

Lo que es cierto es que, frente a los que abogan erre que erre por una disminución de las penas para todos los delitos, esos mismos que cuando un borracho les mea en la puerta de su casa luego piden que la policía lo encierre y tire la llave, yo me muestro preocupado por la escasa repercusión que tiene el cometer ciertos delitos y más cuando las víctimas son policías o agentes de la seguridad privada.

El sindicato ErNE, mayoritario en la Ertzaintza, y los sindicatos de los Vigilantes de Seguridad llevan tiempo manifestando su indignación por lo que consideran una desprotección del colectivo en su trabajo diario. Clamando en el desierto, como si dijéramos, porque a nadie parece importarle. Aquí solo importa y se hace ruido cuando es el del uniforme el que se extralimita. Entonces sí, la guillotina, la hoguera, la lapidación … , todo se antoja poco a esos que luego se llevan las manos a la cabeza ante la idea de que haya que evaluar si un asesino de niños está rehabilitado previamente a que vuelva a visitar las proximidades de las guarderías con entera libertad.

Un sistema que no protege a sus protectores está abocado a sufrir un aumento importante de la delincuencia y ya lo hemos empezado a ver. En este sentido hasta Eurocop, la plataforma que aglutina a medio millón de policías en toda Europa, ha lanzado una campaña dirigida a los gobiernos que se llama precisamente así: Protect The Protectors. Convendría que el nuevo gobierno de España, con el Ministro de Interior a la cabeza, se leyeran el documento y pensaran si no merece la pena empezar a tomar decisiones.

Es verano y vienen fiestas por todos los pueblos. Esperemos que sean tranquilas pero acuérdense de una cosa. Si en el recinto festivo se monta una pelea multitudinaria, ustedes, los ciudadanos particulares, no irán, llamarán a unos chavales de veintitantos años para que acudan, se metan entre cientos de borrachos, aguanten la lluvia de objetos y saquen de allí, quizá a un hombre malherido, quizá a una mujer abusada, quizá a un crío que ha quedado en medio de la trifulca. Eso, mientras otros a su edad siguen fumando porros en una lonja y quejándose de la vida. Es lo que distingue a un policía de otra gente, el compromiso, la vocación de servicio y una cosa muy poco dicha ya, el honor y la vergüenza en tiempos en que muy pocos los tienen ya.

Y ahora pinchen aquí y disfruten de la película

 

 

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