Archivo diario: marzo 17, 2018

A VUELTAS CON EL FÚTBOL.

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El vigilante herido en el cuello es atendido por sus compañeros. Uno de ellos solo utiliza una mano, la otra la tiene rota.

Se nos va de las manos. Por mucho que le quisiéramos quitar importancia, el asunto de la violencia en el fútbol y nuestra incapacidad en la Comunidad Autónoma Vasca para atajarlo, debería ser motivo de preocupación. También lo han de ser, entiendo, las herramientas y hasta el trato que reciben la personas encargadas de cubrir la seguridad de los espectadores que acuden a los partidos. Hace escasas fechas, le tocó el turno a la Brigada Móvil y de ellos hablamos. Anteayer, fue la seguridad privada la que pagó el pato de un dispositivo de nuevo insuficiente. Dos heridos, uno del que se temió lo peor al presentar un profundo corte en el cuello, grave de por sí, y que requirió de siete grapas de sutura. El otro, al que se ha atribuido menos gravedad, es un viejo amigo y alumno. Tiene la mano destrozada, con varias fracturas, y será operado el lunes. Ayer hablé con él. “Vi por el rabillo del ojo que venía algo hacia mi cabeza e instintivamente levanté la mano para protegerme”. Bien. Estuvo alerta, no sufrió el efecto túnel y acaso pueda presumir yo un poco de que las enseñanzas que antaño le transmití le hayan salvado de algo mucho peor que desgraciarle la mano, quién sabe si para siempre.

El partido era de alto riesgo, se sabía y se tomaron medidas para que en la calle y la explanada de San Mamés no sucediera nada irremediable como pasó con el partido del Spartak. El dispositivo fue lo suficientemente bueno como para que los bilbaínos solo tuviéramos que cerrar un colegio y aguantar a una piara de seguidores del Marsella insultarnos al grito de “puta Bilbao” reprimiéndonos las ganas de responder “puta tu madre”.

En el interior del estadio ya fue otro cantar, 200 vigilantes de seguridad privada, 105 en jaula, la zona acotada para la afición rival, armados con vistosos chalecos fosforito que los identifican como tales pero no les protegen ni de un escupitajo, se batían el cobre en una proporción de 1 a 50 con los seguidores marselleses, con el resultado ya visto. Nuevamente, la imprevisión de quienes tienen a su cargo el dispositivo de protección del evento ha fallado clamorosamente. No se puede actuar a golpe de coyuntura: como la vez pasada sucedió en el exterior del estadio, se refuerzan las medidas exteriores pero se olvidan del interior. En seguridad usamos la expresión Plan Integral de Seguridad para que no se nos olvide nunca que hay que proteger todo lo que es vulnerable y nada lo es más que la gente que está dentro de un estadio.

Nuevamente, el diseño del dispositivo falló y no solo porque hubo dos vigilantes heridos, sino porque los incidentes fueron graves: lanzamiento de bengalas, múltiples peleas y agresiones, destrozos… todo menos lo que uno entiende como normalidad. Deberíamos pensar en que, acaso, no seamos todo lo capaces que nos creemos a la hora de proteger a nuestros ciudadanos y ponernos manos a la obra. Las medidas a adoptar deberían pasar por la retirada de ciertos equipos de la competición, el jugar los partidos a puerta cerrada y el endurecimiento de las penas a los energúmenos. No es de recibo que los detenidos como autores de las agresiones a los agentes de seguridad estén ya en casita contando sus aventuras a los colegas y riéndose de la justicia.

Y finalmente, cuando usted, querido lector, tenga la tentación de calificar a un vigilante de “segurata” y menospreciar su labor, acuérdese de que dos tipos de Prosegur, uno con 56 años y dos hijos, estuvieron aguantando cinco minutos las agresiones de 30 energúmenos que casi acaban con ellos hasta que les rescató la policía. Todo para que usted viera un maldito partido de fútbol.

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Edición especial de PUNTO CRÍTICO sobre los sucesos en el partido Athletic de Bilbao- Olympique de Marsella.

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