Archivo mensual: febrero 2018

Especial Punto Crítico

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Punto Crítico es el boletín oficial de nuestra asociación. Su vocación es la de aportar información veraz, objetiva y, sobre todo, extraída del lugar de los hechos y facilitada por los protagonistas de la noticia. En este sentido, nuestro ejemplar de hoy se nutre de los testimonios, imágenes y declaraciones de los agentes de seguridad que prestaron servicio en San Mamés durante la tarde-noche del jueves. Hemos pretendido recoger, además, la voz del colectivo, lo que siempre es polémico porque nunca estas seguro de hasta qué punto esas opiniones representan a la mayoría de ellos. En cualquier caso, ahí está nuestro trabajo. En él no eludimos nuestro análisis, caiga quien caiga. No son momentos de tener miedo a opinar.

 

Pincha el enlace para acceder al Boletín:   Punto crítico. Especial San Mamés

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Dispositivo policial para el partido Athletic-Spartak de Moscú. Lo que no te han contado.

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Aficionado que, sin hacer nada, tiene muchas posibilidades de ser agredido por la Ertzaintza

El próximo jueves 22 de febrero se juega el partido de vuelta entre el Athletic de Bilbao y el Spartak de Moscú. Por ahora parece que los bilbaínos llevan ventaja, pues de allá de tierras rusas se vinieron con una suculenta ventaja, 3-1 si no me fallan mis fuentes ya que en esto del fútbol soy prácticamente analfabeto.

A propósito de ello, he recibido la invitación de un medio de comunicación para comentar el dispositivo policial que se preve y sus repercusiones en la seguridad de la ciudad, habida cuenta de los incidentes que la hinchada rusa suele provocar por donde pasa. Aplicado a mis deberes, como siempre en estas cosas, he tirado de contactos, en lo público y en lo privado y mi sorpresa ha sido mayúscula. Un dispositivo mínimo, que mis fuentes cifran en unos 200 o 300 agentes de la Brigada Móvil, más las patrullas de Seguridad Ciudadana, serán incapaces de “embolsar” durante todo el trayecto hacia el campo de San Mamés a los más de mil aficionados rusos que se esperan. Los agentes, en petit comité, ya dan por supuesta la alteración grave del orden público y calculan que su intervención se ceñirá a tapar agujeros solo donde sea previsible que se produzcan peleas (lugares que están anotados ya y que no desvelaré para no entorpecer su labor) y en los aledaños de La Catedral. Mas de dos mil aficionados, ultras muchos de ellos, violentos la mayoría y entrenados en la violencia callejera y de ring, vienen a Bilbao a darlo todo, lo que en el argot suele significar apalear a tres o cuatro hosteleros, dar un palizón a algún aficionado despistado que con la camiseta equivocada se cruce en su camino, y mandar a la Mutua de Previsión a doce o catorce policías. Eso, más destrozos por toda la villa en el mobiliario urbano, los negocios, etc. que no paga el Gobierno Vasco ni el Ayuntamiento, ni la Iglesia, sino usted y yo.

Pero, siendo esto grave, el problema de fondo es lo que me preocupa. Los “brigadistas vascos” con los que he hablado me dicen, textualmente, que no piensan hacer nada salvo defenderse si son agredidos, que pasará exactamente lo mismo que cuando se reunió el FMI en Bilbao, es decir, que la ciudad fue tomada por saqueadores y delincuentes con total impunidad. Y no harán nada, salvo lo estrictamente necesario, porque no quieren jugarse el puesto de trabajo. El físico ya saben que se lo juegan de oficio.

Hartos están de ver cómo la Unidad carece en la actualidad de todo amparo por parte de sus responsables políticos ante las últimas y numerosas condenas a sus agentes; hartos porque, desde el caso Cabacas, de infausto recuerdo, su material antidisturbios, el famoso lanzador de pelotas de goma espuma, parece comprado en una tómbola o en el chino de la esquina; hartos por estar doce horas a cuestas con un equipamiento que pesa 25 kilos para que les den de comer un bocadillo en una furgoneta; hartos porque el Departamento prefiere equiparles con material de protección para que les duelan menos las hostias, que con elementos que disuadan a los que les atizan y que sirvan para hacerles frente con la proporcional contundencia que se espera en un policía. Así están las cosas y así se las cuento yo porque seguramente no van a tener oportunidad de leerlas en ningún periódico. Cierto es que tampoco los plumillas tienen acceso a la misma información que un servidor, dicho sea con toda modestia.

La otrora respetada Brigada Móvil ha sido desmantelada prácticamente, si no de nombre, sí de espíritu. Cuando yo fui a la academia a aprender a dirigir el tráfico y a bajar gatos de los árboles, mirábamos a aquellos tipos como a héroes y les pedíamos permiso en el comedor para sentarnos a su mesa, había un respeto. Hoy se les cachondea cualquier niñato, les gobiernan jefes sin experiencia, alguno de ellos con currículo poco edificante, como el que fue detenido en Getxo por dar positivo en un control de alcoholemia, y sus duros entrenamientos de antaño se nutren ahora de charlas de Derecho, coaching y buenrrollismo.

El jueves vienen los del Spartak, dos mil tipos duros cuyo coeficiente intelectual desafía por lo bajo al del mismísimo Abundio, pero a los que la impunidad que otorga el negocio del fútbol les da alas para cometer todo tipo de tropelías en nuestra ciudad. Frente a ellos, trescientos de nuestros chicos, los 300. Yo espero que les vaya bien, que se defiendan y nos defiendan a todos con contundencia y que vayan los menos al hospital, porque yo y ellos sabemos que alguno irá. Cuando todo pase, pajarracos de negras togas, jefes de opereta y políticos rápidos de palabra y lentos de ética, les esperan para vengar en ellos sus miserias.