El estudio sobre las víctimas del terrorismo ignora a los escoltas.

Presentación del estudio sobre las víctimas del terrorismo.

Presentación del estudio sobre las víctimas del terrorismo.

El miedo es libre, la memoria no. Porque la memoria viene después, cuando el miedo ya no está y sirve, entre otras cosas para hacer análisis de conciencia con el objeto de que el terror no vuelva a instalarse en los corazones.

Un estudio realizado por los profesores de la Universidad de Deusto, Jose Ramón Intxaure, Eduardo J. Ruiz y Gorka Urrutia, en colaboración con la Secretaría de Paz y Convivencia del Gobierno Vasco, quiere recoger y hacer visible la injusticia vivida por 13.600 vascos amenazados y por otros 3.300 que vivieron escoltados. Sin duda será de mucha ayuda para entender cómo se sentían quienes no comulgaban con los presupuestos del terror y sus adláteres. Como el proyecto viene de la mano de personas reputadas en el ámbito académico, su difusión será grande y los apoyos de los partidos políticos no se harán esperar.

En mi libro UNA PISTOLA Y VEINTICINCO BALAS, publicado hace más de un año, ya decía yo que a partir de la fecha, se abría el tiempo de reescribir la historia y que era necesario hacerlo bien para que de ella no pudieran apropiarse los criminales imponiendo su versión, más o menos edulcorada, como la única merecedora de pasar a formar parte de eso que llamamos la Verdad, con mayúsculas. Por tanto, todo intento en ese sentido es loable.

Jueces, funcionarios, profesores y periodistas entre otros colectivos, describen cómo vivían sin libertad y atenazados por el miedo a un atentado, además de ninguneados por sus vecinos y tratados como apestados por el miedo a que el atentado a ellos dirigido pudiera alcanzar a quien osara mirarles a la cara. Hablan también de su estigmatización por el mero hecho de ser víctimas potenciales, de que existía para con ellos un déficit de solidaridad por parte de su comunidad y en ello quizá debamos reconocernos todos. Bueno, todos no. Algunos, que no se citan en el estudio, no les dieron la espalda, sino que pusieron su vida por delante para evitar que se la quitaran a más de 3.300 personas. Son los que no salen en el estudio.

Los escoltas privados no tenían derecho a tener miedo porque su sustento y el de sus familias era proteger a los amenazados durante más de doce horas al día. No tenían derecho a sentirse estigmatizados porque tenían que salir diariamente a comprar el pan, ya que a los obreros nadie nos lo compra como seguramente ocurra con muchos jueces y políticos que puedan permitírselo. Los escoltas privados, si tenían miedo, hacían el petate sin ruido y se apuntaban a la cola del paro y, si no, seguían día tras día, conocidos de los criminales, no solo ya de vecinos y parroquianos, con sus rutinas de vigilancias y contravigilancias, de acompañamientos y de mirar hacia atrás y debajo, no solo del coche, sino también de contenedores, bancos del parque y papeleras. Los escoltas cuando ya no podían más y como eran seres humanos, se quitaban del medio en mitad de la noche sin más ruido que el del tiro que se pegaban en la sien, suicidios que raramente reflejaban los medios de comunicación y que nunca merecieron otra consideración que la del ostracismo y el desprecio de todos.

A mí me hubiera gustado que este estudio recogiera la noble historia de este colectivo de hombres y mujeres que dieron tanto por tantos, que terminaron, si no con el miedo, que hemos dicho que era libre, sí con las oportunidades que hasta entonces tenía ETA de matar día tras día. Pero ya sabía que no iba a ser así. Ellos son los auténticos apestados de la historia de estos años. Minusvalorados por muchos de sus protegidos, odiados por el entorno nacionalista radical y no tan radical, tachados de ignorantes, de paletos, de oportunistas, de mercenarios y de inútiles por los de un lado y los de otro, sin embargo consiguieron que todos libraran el pellejo para poder contarlo ahora en este estudio tan sesudo y en los que vengan.

A los escoltas yo les dediqué mi libro, el mejor que he escrito y una de las cosas de las que más orgulloso me siento en la vida. Cuando en Almería fui a recoger el premio que me concedieron por él, los llevé conmigo y tuvimos la dicha de ver a  más de mil personas en pie para otorgarnos el mayor aplauso de la noche. Y se lo dieron a ellos que allí plantados, no sabían qué hacer ni dónde meterse. Porque son así, gente sencilla, del pueblo, obreros de la seguridad que han hecho de esta una sociedad más libre con su sangre y con su esfuerzo.

Quizá algún día haya quien caiga en la cuenta de la terrible injusticia que están cometiendo con quienes tantas vidas salvaron, de lo desagradecidos que somos como sociedad y como pueblo. O quizá no, tal vez todo esto se olvide y nunca vuelva nadie a acordarse de ello, salvo aquellos que estuvimos allí.

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2 Respuestas a “El estudio sobre las víctimas del terrorismo ignora a los escoltas.

  1. Mi marido fue uno de los protegidos. Y sus escoltas, la mayoría grandes personas, de una calidad humana increible. Con algunos de ellos a día de hoy mantenemos relación a distancia. Ellos se la jugaban por los amenazados. Daban la cara ante vecinas incómodas, y amenazantes.

    • Muchas gracias por tu aportación. Mis artículos a favor de los escoltas no deben verse jamás como una crítica al resto de colectivos que fueron víctimas de los asesinos de ETA, sino como la reivindicación de su labor en favor de la paz. Un abrazo.

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