Yihadismo, ¿estamos en guerra?

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La Guerra Santa llega a Europa

 

Doce muertos en París. Dos hombres pertrechados de armas automáticas han consumado una de las mayores carnicerías que pueden recordarse en la capital francesa desde los tiempos de la independencia de Argelia y lo que vino después. Pero, ¿estamos ante una guerra? Definir el concepto hoy día no es sencillo, pues muchas son las formas que la violencia viene alcanzando en el mundo y no todas pueden calificarse como tales. Vamos a ver los hechos y luego cada cual decidirá.

El EI, Estado Islámico, y Al-Qaeda, organización aún existente, han anunciado al mundo, por activa y por pasiva, que se hallan en guerra santa contra Occidente, incluyendo aquí a toda Europa, América, Oceanía y gran parte de Asia. Es decir, contra todos aquellos que son considerados infieles y no mahometanos. Por tanto, para estas organizaciones, lo que ha sucedido hoy, es una acto de guerra, una de sus operaciones militares en las que ellos, con su lógica, intentan dañar a su enemigo en su propia casa para infundirle miedo y sentimiento de derrota. Con ello, como ya dijera Sun Tzú, se intenta que el ejército contrario deje de luchar y se rinda al ver el enorme poder destructivo del adversario y cómo le puede golpear.

Por otro lado, los dos asesinos de hoy en París son soldados, término en el que englobo a personas entrenadas en la guerra. Soldados tienen los ejércitos, los tiene la Camorra (“soldati”) y los tienen los ejércitos mercenarios. Un soldado no tiene por qué pertenecer a un ejército regular, sino que es un individuo a la orden de una autoridad superior y cuya misión es causar bajas al enemigo que se le designe. Estos eran soldados pero no de élite. De su acción no se puede inferir una enorme preparación militar, sus movimientos son un ir y venir desacompasado, se equivocan a la hora de abordar el objetivo y solo después corrigen el error consiguiendo acceder a la redacción para convertirla en zona de muerte … Son simples peones con la instrucción justa pero, probablemente, con experiencia en combate en alguna de las muchas guerras que tan lejos nos quedaban hasta ahora. Suficiente para matar civiles y enfrentarse a policías con armamento básico.

Viendo las imágenes, oyendo las declaraciones incendiarias de algunos imanes en las mezquitas europeas,, habiendo constatado cómo las redes de la delincuencia menor de origen árabe terminan pagando tributo a la causa del yihadismo, díganme ustedes si les parece que estamos en guerra o no.

Lo publiqué en Facebook. El día 2 de octubre pasado, con motivo de la festividad de los Ángeles Custodios a la que suelo ser invitado, tuve la oportunidad de compartir corrillo con media docena de agentes de servicios de información de varios cuerpos, a saber, Guardia Civil, CNP y CNI. No me pregunten qué coño hacía yo allí ni en calidad de qué me admiten a escuchar sus opiniones, que eso es harina de otro costal. El caso es que todos coincidían en la gran amenaza que para nuestro país suponían los movimientos del mundo radical islámico que ellos venían detectando, investigando y de los cuales pasan, desde hace años, informe regular a unas autoridades que se los vienen pasando, a su vez, por el forro de los cojones. Un ejemplo que ponían era que si ellos recomendaban no permitir la entrada en España de tal o cual iman venido de Holanda o Inglaterra a la inauguración de alguna mezquita por su vinculación con el salafismo radical, a las autoridades políticas les faltaba poco para dejarle pasar la frontera  y, por supuesto, permitir su libertad de movimiento así como sus soflamas ante un público cada vez más numeroso, violento y entregado.

Libramos, pues, dos guerras. Una contra el integrismo radical, no contra los árabes, y otra contra los tontos, los ineptos y los sinvergüenzas que tenemos en nuestro país mandando y tomando decisiones. Es más difícil ganar la segunda, creo yo, y por eso la primera la tenemos medio perdida. Acuérdense de que los asesinos de doscientos compatriotas en los trenes de Madrid ya están todos en la calle. Tengan en cuenta que aquí hay actores que, como no saben actuar, se dedican a traicionar a su país, al mismo que les da de comer y les subvenciona  películas y obras de teatro que no van a ver ni sus padres, justificando cualquier asesinato de funcionarios de seguridad. Piensen también que cada medida de control, cada ley de seguridad, cada decisión gubernamental en este sentido, se encuentra enfrente inmediatamente con politicuchos que acusan de fascista, xenófobo y racista a quien tiene la obligación de tomarlas para protegernos a todos. Y no pasa nada. En las calles mueren los ciudadanos y les importa un huevo, mientras los que quedan sigan votándoles. Asesinan a policías y la pena les dura los dos minutos que salen en el plano del telediario. Hay atentados y alegan el imperio de la ley, una ley que ellos sodomizan para robarnos antes el dinero y, ahora que ya no queda, la seguridad. No digo que todos los políticos quepan en este saco, ojo, pero si que los que siguen limpios no han conseguido imponerse aún a los idiotas.

Me pregunta mi amiga Maika si lo de París puede pasar aquí sin caer en la cuenta de que ha pasado algo peor ya, que fue lo de los trenes de Atocha. Aquí, lo de París puede pasar dentro de una semana, dos días o un cuarto de hora porque España es Al Andalus, el paraíso perdido y un leit motiv de lucha para esta gente que han decidido ser nuestros enemigos y enfrentársenos a sangre y fuego en nuestras calles y nuestras casas. Y, muy importante, aquí puede pasar porque Europa está dormida, somos como los pollos que ven cómo el carnicero cada día elige a uno para cortarle el cuello y, pese a ello, no hacen otra cosa que arrinconarse contra la pared y procurar no mirar el filo con la vana esperanza de que a ellos no les llegue la muerte. Pero ningún pollo muere de viejo.

¿Estamos en guerra? No tengo ni puta idea, pero como no empecemos a tomárnoslo en serio la perderemos.

Mi publicación del 02 /10/2014

Mi publicación del 02 /10/2014

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